viernes, 28 de diciembre de 2012

Vinieron como golondrinas

A veces los lectores sensibles tenemos la suerte de encontrar libros en los que podemos llegar a leernos a nosotros mismos sin haber experimentado ninguna de las situaciones o sentimientos se describen. Esto es exactamente lo que me ha sucedido estos días con la lectura de Vinieron como golondrinas de William Maxwell.


Nos encontramos ante una novela de amor tiernísima en la que el sujeto de este sentimiento es la madre y esposa de los narradores de los tres capítulos de que se compone la obra. Bunny, hijo pequeño y claro alter-ego del autor, siente tal amor por su madre, centro de su vida, que recuerda al pequeño Marcel de Por el camino de Swann. Aquel niño que no podía dormir por las noches si la madre no subía a su habitación para despedirse con un beso de buenas noches. Bunny es un niño hipersensible la felicidad del cual puede verse dramáticamente alterada si su madre no corresponde a alguna de sus miradas anhelantes. Robert, hermano mayor preadolescente, vive encerrado en sí mismo desde que sufrió un accidente que le hizo perder una pierna. Observador pasivo de la situación familiar, intuye muy pronto que su madre morirá de la gripe española que ha contraído y que los adultos que le rodean quieren esconder.

Finalmente, James, marido de Elizabeth, hombre serio y ensimismado en sus negocios y por la situación política de los últimos momentos de la Primera Guerra Mundial, ve derrumbarse su pequeño y cálido mundo doméstico con la muerte de su esposa. Verdadero pilar familiar, Elizabeth dirigía con mano dulce pero firme el cálido hogar de esta familia de clase media de los EE. UU. del primer tercio de siglo XX. James pierde el norte y el sentido de su vida cuando Elizabeth ya no está y se siente incapaz de resistir la ausencia de su compañera y amiga durante tantos años. Precioso es el episodio en el que el distante Robert vislumbra los profundos cambios acaecidos y el estado anímico de su padre, ofreciéndole su apoyo a través de una prematura entrada a la edad adulta.William Maxwell fue durante cuarenta años editor literario de la prestigiosa revista The New Yorker. Su cultura literaria adquirida en Harvard le permitió editar parte de la narrativa breve de autores hoy consagrados como Vladimir Nabokov, John Cheever o Flannery O'Connor, ayudándoles desde el silencio a convertirse en los grandes autores que hoy son considerados. La obra literaria de Maxwell consiste de diversa narrativa breve y seis novelas de las cuales buena parte ha sido publicada en España por Libros del asteroide.

martes, 25 de diciembre de 2012

Los mejores libros que he leído en 2012

Presentados por estricto orden de lectura:


Entre cielo y tierra, de Jón Kalman Stefánsson

Los hechos. Autobiografía de un novelista, de Philip Roth

Els convidats, de Emili Teixidor

Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron

Caminos ocultos, de Tawni O'Dell

Stoner, de John Williams

El tiempo es un canalla, de Jennifer Egan

Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver

miércoles, 19 de diciembre de 2012

A Play of Passion


A la espera de que el viernes se acabe el mundo, y con la certidumbre que, independientemente de que suceda o no, el mundo tal y como lo conocimos, parece irremediablemente condenado a la extinción, os dejo un poema de Sir Walter Raleigh (1552-1618). Un regalo navideño que se adelanta con timidez para reflexionar un poco sobre qué es la vida. 

What is our life? A play of passion,
Our mirth the music of division;
 
Our mothers’ wombs the tiring-houses be
Where we are dressed for this short comedy;
Heaven the judicious, sharp spectator is
That sits and marks still who doth act amiss;
Our graves that hide us from the searching sun
Are like drawn curtains when the play is done:
Thus march we, playing, to our latest rest,
Only we die in earnest, that’s no jest.

Sir Walter Raleigh, miembro de la corte de la reina Isabel I, conocida como la “ReinaVirgen”, fue además de poeta, soldado, espía, explorador y popularizó el tabaco en Inglaterra. El paradigma del hombre del Renacimiento. Es uno de los personajes destacados de la película Elizabeth. La edad de oro.



sábado, 8 de diciembre de 2012

Que todo vuelva a estar por hacer y todo sea posible

Cuando estudiaba en la universidad, leía sobre todo en el tren. Tardaba aproximadamente una hora y media en llegar a la facultad, si no había problemas con la RENFE. De esto hace ya más de una década. No he vuelto a leer tanto en mi vida. Eran tres horas disponibles al día. Entre clase y clase, si éstas no eran seguidas, también leía. Generalmente en la biblioteca o tirada en el césped del campus. A medida que avanza la edad, cada vez dispones de menos tiempo para leer. No se trata de una excusa. Tal vez dispongas de horas libres, pero no del espacio mental disponible. La concentración es cada vez más difícil porque estamos invadidos por las miles y una preocupaciones cotidianas que nos reclaman. Desde el trivial qué voy a hacer para la cena hasta el dramático cómo me las arreglo para llegar a finales de mes. A menudo me gustaría regresar a los escasos diecinueve o veinte años en los que tierna como un panecillo experimentaba sin saberlo el famoso "tot estar per fer i tot és possible", de Miquel Martí i Pol y perteneciente al poema Ara mateix. El poema No volveré a ser joven, de Jaime Gil de Biedma, posee unos versos clarividentes:

"-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante."

Pero es la vida la que se te lleva a ti por delante. Con frecuencia. Aunque no creo que tenga por qué ser así. Querer llevarse la vida por delante es en cierta medida tener ilusión. Tal vez de un modo un tanto impetuoso y agresivo, pero ilusión. Y aquí volvemos otra vez a los maravillosamente evocadores versos de Martí i Pol: "tot estar per fer i tot és possible". Ésta debería ser nuestra actitud. Construcción permanente. Considerarnos un proyecto a largo plazo que mutará constantemente porque tenemos infinitas posibilidades.

lunes, 19 de noviembre de 2012

El agradecimiento del enamorado

Éste era mi poema preferido cuando hacía COU. El poema de la rosa als llavis, al cual pertenece, era una lectura obligatoria que entraba en la Selectividad. Este poema de Joan Salvat-Papasseit refleja el gozo que se experimenta al estar enamorado. Ese chute de vitalidad. Esas ganas de vivir. Y el inmenso agradecimiento que se siente hacia aquella persona que te trae de vuelta a la vida.
 

PERQUÈ HAS VINGUT
Perquè has vingut han florit els lilàs
i han dit llur joia
envejosa
a les roses:

mireu la noia que us guanya l'esclat,
bella i pubilla, i és bruna de rostre.

De tant que és jove enamora el seu pas
—qui no la sap quan la veu s'enamora.

Perquè has vingut ara torno a estimar:
diré el teu nom
i el cantarà l'alosa. 

 

viernes, 9 de noviembre de 2012

La obligación de amar a un hijo

Imagínate que eres una mujer neoyorquina, intelectual, de clase media alta, fundadora y propietaria de una editorial de guías de viaje cool, casada con un hombre encantador que también tiene un trabajo de esos guays, vives en el barrio bohemio de la ciudad. En fin, la realización del sueño contemporáneo. Sólo te falta una cosa: la maternidad. Y no porque sientas ese vacío, sino porque la sociedad, esa presión que todas conocemos, de un modo u otro te lo recuerda.

Imagínate que al final, aunque no del todo convencida, te decides a apostar por ella. Te quedas embarazada. Y todo, desde un primer momento, lo empiezas a vivir como algo raro. Tienes a tu hijo, que se llamará Kevin. Y te das cuenta de que alguna cosa no va bien. Van pasando los años y cada vez lo tienes más claro. Y un día, cuando tu hijo es ya un adolescente, lleva a cabo en su instituto una matanza que no tiene nada que envidiar a la de Columbine.

¿Cómo explicar lo sucedido? ¿Cómo no autoanalizar el papel que se ha llevado a cabo como madre tratando de dilucidar algún tipo de responsabilidad, sino TODA la responsabilidad?¿Es que nunca he amado a mi hijo?


Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver, es esta historia. La de una mujer que trata de integrar en su rol de madre la indigesta percepción de que su hijo parece ser la encarnación del mal en el mundo desde que estaba en la cuna. La de una mujer que tampoco estaba demasiado convencida de si quería ser madre y arrastra una gran culpa por ello.

Tenemos que hablar de Kevin es una novela epistolar unidireccional. Al principio no entendemos la decisión de utilizar esta técnica, aunque al final del libro queda resuelto. Más allá de requerimientos argumentales... Hay preguntas que no tienen respuesta. Las cartas que escribe Eva, se asemejan mucho a las sesiones con un psicoterapeuta. Desde el principio podemos intuir con facilidad que en el fondo se las está escribiendo a sí misma.

Una novela controvertida en la que la autora trata un tema de calado político y existencial. Desde luego no deja indiferente y además, a pesar de los temas que trata, tiene el gran mérito de ser muy divertida.

domingo, 28 de octubre de 2012

De ovejas y hombres

Un artículo de Rosa Montero en Babelia me animó a leer Las ovejas de Glennkill, de Leonie Swann, una novela que había regalado a mi pareja en 2007, año de publicación de su traducción al castellano por la editorial Salamandra.


La premisa es sencilla: una mañana, un grupo de ovejas descubren el cadáver de George, su pastor, con una pala clavada. A partir de ahí deciden investigar, como en una de las novelas de detectives que les leía George, quién es el asesino y por qué se ha cometido este asesinato. Un rebaño de ovejas que se convierten en detectives. Hay que reconocer que la idea es original. Y da mucho juego. El tratamiento es oportuno. Las ovejas, aunque personificadas, se comportan y piensan como lo que son, ovejas. Tiernas y lerditas. Por supuesto, la novela está repleta de escenas hilarantes, con una apoteosis teatral final. Para mí, el mejor momento del libro.

A diferencia de Rosa Montero, a mí me costó un poco meterme en la historia, pero una vez lo hice, fue puro placer. A mí también me gustaría que se me ocurriesen ideas tan ingeniosas. Como ella pienso que el gran acierto de la novela es que las ovejas se comporten como tales. El juego entre lo que las ovejas esperan del mundo y cómo lo ven en contraposición con el mundo de los humanos, y la inevitable incomprensión que se deriva, aunque lógico, es sencillamente genial.

Salamandra ha publicado recientemente una segunda entrega de este mismo universo: ¡Qué viene el lobo!

lunes, 22 de octubre de 2012

Familias podridas

Hay en las familias algo que apesta. Una podredumbre recocida, fermentada. Cuanto más miembros tengan las familias, peor. Más riesgo de que existan miembros perturbadores que dejen a su paso una estela de dolor que será recogida generación tras generación, como si de la maldición del pecado original se tratase. La lectura de Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan me ha recordado los versos clarividentes de Philip Larkin, en los que los padres son los verdugos de sus hijos, para que éstos, a su vez, pasen llegado el momento del rol de víctima al de verdugo en una cadena de dolor que se prolonga hasta el infinito:

This Be the Verse 
They fuck you up, your mum and dad.   
    They may not mean to, but they do.   
They fill you with the faults they had
    And add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn
    By fools in old-style hats and coats,   
Who half the time were soppy-stern
    And half at one another’s throats.

Man hands on misery to man.
    It deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,
    And don’t have any kids yourself.
 

Nada se opone a la noche es la historia de la vida de Lucile, la madre de la autora de la novela. Es un intento de dar una explicación al suicido de la madre a una edad relativamente temprana, poco más de sesenta años. Es una historia de amor y es, sobre todo, una historia de dolor y muerte. La muerte planea desde el principio del libro, cuando Delphine se encuentra a su madre muerta estirada en la cama del apartamento donde vivía sola y ya en un inicial proceso de descomposición. A partir de aquí, tras unos meses de reflexión, Delphine de Vigan emprede un viaje, un descenso a los infiernos, que a través de los testimonios de aquellos que conocieron a Lucile y de todo un archivo de fotos, textos, vídeos y grabaciones de voz le permitirán intentar reconstruir un pasado, el de su familia, que se despliega como un río de secretos y catástrofes, el cual, a pesar de su intensidad, se intuye incompleto.


 
Nada se opone a la noche es la demostración de que el incesto es un tabú porque no se habla de él; no porque no suceda; y que es factible enloquecer de dolor. Todos al nacer tenemos un pasado, el de nuestras familias, con el que cargaremos y, en el peor de los casos, tendremos que expiar.

lunes, 15 de octubre de 2012

Desamor y olvido

El mutilat

Jo sé que no l'estimes.
No ho diguis a ningú.
Tots tres, si tu ens ajudes,
guardarem el secret.
Que ningú més no vegi
allò que hem vist tu i jo.
De la gent i les coses
que us han estat amics,
ell se n'amagarà.
No tornarà al cafè
que és fet per a esperar-te.
Vindran mesos amb erra:
serà lluny de les taules
de marbre, on us servien
les ostres i el vi blanc.
En els dies de pluja
no mirarà l'asfalt
on us havíeu vist
quan no es trobaven taxis
i havíeu d'anar a peu.
No obrirà més els llibres
que li han parlat de tu:
ignorarà què diuen
quan no parlen de tu.
I sobretot, hi pots
comptar, ni tu ni jo
sabrem mai més on para.
S'anirà confinant
per fons remots de terres.
Caminarà per boscos
foscos. No el sobtarà
l'atzagaia de llum
de la nostra memòria.
I quan sigui tan lluny
que mig el creguem mort,
podrem recordar i dir
que no te l'estimaves.
No ens farà cap angúnia
de veure com li manques.
Serà com un espectre
sense vida ni pena.
Com la foto macabra
d'una Gueule Cassée,
que orna un aparador
i no ens fa cap efecte.
Per ara, no ho diguem:
no trasbalsem la gent
mostrant-los la ferida
sagnant i purulenta.
Donem-li temps i oblit.
Callem, fins que ningú,
ni jo mateix, no el pugui
confondre encara amb mi.

viernes, 5 de octubre de 2012

Consejos para escribir de Etgar Keret

Etgar Keret, autor israelí muy reconocido en su país de origen y traducido a varias lenguas, entre ellas al castellano por Siruela, respondió a la petición de la revista Rookie para que les diese 10 reglas para escritores. Aquí van:

1.- Asegúrate de divertirte escribiendo.
A los escritores siempre les gusta decir que el proceso de escritura es duro y que provoca mucho sufrimiento. Mienten. A la gente no le gusta reconocer que se ganan la vida con algo que les divierte profundamente. La escritura es una forma de vivir otra vida. Muchas otras vidas. Las vidas de innumerables personas que nunca has sido,  pero que son completamente . Cada vez que te sientas y te enfrentas a una página y lo intentas -aunque no tengas éxito- debes estar agradecido por esta oportunidad de ampliar el campo de posibilidades de tu vida. Es divertido. Es chulo. Y no dejes que nadie te diga lo contrario.

2.- Ama a tus personajes.
Para que un personaje sea real, tiene que haber al menos una persona en este mundo capaz de amarlo y entenderlo, le guste o no lo que el personaje haga. Tú eres la madre y el padre de los personajes que creas. Si tú no puedes amarlos, nadie puede.

3.- Cuando escribes, no le debes nada a nadie.
En la vida real, si no te sabes comportar, acabarás en la cárcel o en un manicomio, pero en la escritura, todo vale. Si hay un personaje en tu relato que te atrae, bésalo. Si en tu relato hay una alfombra que odias, quémala en medio del comedor. A la hora de escribir, puedes destruir planetas enteros y erradicar civilizaciones completas con el clic de una llave, y al cabo de una hora, cuando la anciana del piso de abajo te vea en el rellano, te seguirá saludando.

 4.- Siempre empieza por el medio.
El principio es como el borde quemado de una tarta que ha rozado la bandeja del horno. Puedes necesitarlo sólo para empezar, pero no es muy comestible.

5.- Intenta no saber cómo acaba.
La curiosidad es una fuerza poderosa. No la sueltes. Cuando estás escribiendo un relato o un capítulo, controla la situación y las motivaciones de tus personajes, pero déjate siempre sorprender por los giros de la trama.

6.- No uses algo sólo porque "siempre es así".
Los párrafos, las comillas, los personajes con el mismo nombre aunque hayas pasado la página: todo esto no son más que convenciones que existen para servirte. Si no funcionan, olvídalas. El hecho de que una regla en particular haya sido aplicada en cada libro que hayas leído no significa que sea aplicable también en el tuyo.

7.- Escribe como tú.
Si intentas escribir como Nabokov, siempre habrá al menos una persona (cuyo nombre es Nabokov) que lo hará mejor que tú. Pero si escribes a tu manera, siempre serás el campeón del mundo siendo tú mismo.

8.- Asegúrate de estar completamente solo en la habitación cuando escribas.
Aunque escribir en cafés suene romántico, tener a otras personas a tu alrededor es probable que te haga adaptarte, te des o no cuenta de ello. Cuando no hay nadie a tu alrededor, puedes hablar solo o meterte el dedo en la nariz sin darte cuenta. Escribir puede ser un modo de meterse el dedo en la nariz, y cuando hay gente alrededor, la tarea se vuelve menos natural.

9.- Deja que la gente a la que le gusta lo que escribes te anime.
E intenta ignorar a todos los demás. Simplemente cualquier cosa que hayas escrito no es para ellos. No importa. Hay suficientes escritores en el mundo. Si buscan lo suficiente, encontrarán uno que cumpla sus expectativas.


10.- Oye lo que cualquiera tenga que decir pero no escuches a nadie (excepto a mí).
La escritura es el terreno más personal del mundo. Así como nadie puede en verdad enseñarte como debe gustarte tu café, tampoco nadie puede en verdad enseñarte cómo escribir. Si alguien te da un consejo que te suena y te sienta bien, síguelo. Si alguien te da un consejo que te suena bien pero te sienta mal, no pierdas más de un único segundo con él. Será bueno para otra persona, pero no para ti.

El texto original en inglés aquí.

lunes, 1 de octubre de 2012

Nothing gold can stay

Uno de los momentos más bellos de la película Rebeldes, de Francis Ford Coppola y basada en la novela homónima de S. E. Hinton publicada en 1967, es cuando Ponyboy Curtis relee la carta de despedida que le dejó escrita su mejor amigo Johnny justo antes de morir. En ésta, Johnny, un adolescente, le explica a su amigo el significado del poema Nothing Gold Can Stay, de Robert Frost, el cual Ponyboy le había recitado en la soledad y aislamiento de una iglesia abandonada en la que deben esconderse tras un incidente de consecuencias dramáticas. A los dos les gusta el poema e intuyen que habla de algo hermoso, pero no logran entenderlo.





Ponyboy y Johnny están ante un momento especular fallido, porque el poema trata de ellos mismos y en ese momento no logran reconocerse. El poema también habla del resto de sus amigos, los cuales ya han dejado de ser oro y de Johnny, quien será oro siempre porque muere antes de haber tenido la oportunidad de dejar de serlo.


Nature's first green is gold;
Her hardest hue to hold.
Her early leaf's a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay. 
 S. E. Hinton, sorprendentemente, empezó a escribir la novela con dieciséis años y la acabó con dieciocho. La película es de 1983.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

martes, 25 de septiembre de 2012

Consejos para escribir ficción de Zadie Smith


Zadie Smith, conocida mundialmente y también en España por su novela Dientes blancos, aunque es autora de otras tres novelas además de múltiples narraciones breves y algunos ensayos, publicó en The Guardian una lista de diez consejos para escribir ficción que reproduzco a continuación:

  1. Todavía siendo un niño, asegúrate de leer un montón de libros. Dedica más tiempo a esto que a cualquier otra actividad. 
  2. Siendo adulto, trata de leer tu propia obra como la leería un desconocido, o mejor aún, como lo haría un enemigo.
  3. No idealices tu "vocación". Puedes escribir buenas oraciones o puedes no hacerlo. No existe un "estilo de vida del escritor". Lo único que importa es lo que dejas en la página.
  4. Evita tus debilidades. Pero hazlo sin decirte a ti mismo que las cosas que no puedes hacer no merecen la pena. Haz esto sin decirte a ti mismo que las cosas que no puedes hacer no valen la pena. No ocultes tu falta de confianza en ti mismo con desprecio.
  5. Deja un espacio decente de tiempo entre escribir algo y editarlo.
  6. Evita camarillas, bandas, grupos. La presencia de una multitud no hará que tu escritura sea mucho mejor de lo que es.
  7. Trabaja con un equipo informático que esté desconectado de internet.
  8. Protege el tiempo y el espacio en el que escribes. Mantente alejado de todo el mundo, incluso de las personas que son más importantes para ti.
  9. No se deben confundir los honores con el logro. 
  10. Cuenta la verdad a través de cualquier velo que te venga a mano; pero cuéntala. Resígnate a la tristeza para toda la vida que deriva de no estar nunca satisfecho.

Los destacados son míos. El texto original en inglés aquí.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Crecer es morir un poco

Que la muerte deja hechos polvo a los que se quedan, esto es, que es más dura para el superviviente que para quien fallece, es una verdad que sabe cualquier persona que haya perdido a un ser querido. Quien muere regresa a la dimensión del no ser, mientras que el que se queda en el ser, es quien tiene el problema justamente por eso, por ser.

Ahora pensemos que el ser querido que ha desaparecido, es tu hermano, tu amigo o tu ex novio y que no sólo tenía 31 años, sino que además se ha suicidado. ¿Cómo sobrevivir a este sentimiento de pérdida vivido como una amputación? ¿Cómo aceptar lo sucedido? ¿Cómo no atormentarse con múltiples y variadas posibilidades de culpa? ¿Cómo poder sobrevivir asumiendo que nunca no vas a entender por qué? Éste es el planteamiento de Litus, de la dramaturga catalana Marta Buchaca que hasta finales de septiembre se estará representando en el Espai Lliure. Los amigos de Litus se reunen tres meses después de la muerte de éste en un accidente de tráfico para recordarle.


(c) Roser Blanch

Hay muertes que provocan un desasosiego tal en quien se queda que pueden resultar más dramáticas que la muerte misma. Es como si ésta fuese un brazo ejecutor ebrio de poder que no tiene suficiente con una sola víctima y actuase con un sadismo psicológico refinado y perverso sobre los que no ha podido llevarse por delante materialmente.

El programa de la obra dice que en la vida te suceden cosas buenas y malas. Litus es un personaje que no quería crecer. No quería convertirse en un verdadero adulto. No le interesaba. Su renuncia a la madurez, completamente legítima, implica la condena brutal de sus amigos a la misma. Con su muerte ellos también han muerto un poco.Ninguno de ellos volverá a ser la misma persona.

Aunque el tema es duro, Litus combina magistralmente las lágrimas y las sonrisas. Hay momentos áltamente cómicos que reflejan a la perfección al treintañero actual: en buena medida, también como Litus, niños que no quieren crecer pero a los que no les va a quedar más remedio que hacerlo. Porque así es la vida. Te empuja y te devora y a menudo, no eres tú quien la vive, sino que ella te vive a ti.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Deseo y nostalgia

RECUERDA, CUERPO...

Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado,
no sólo los lechos en que te acostaste,
sino también aquellos deseos que por ti
brillaban en los ojos manifiestamente,
y temblaban en la voz -y algún
obstáculo casual los hizo vanos.
Ahora que todo ya está en el pasado,
parece casi como si a los deseos
aquellos te hubieses entregado -cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.



DESEOS

A cuerpos hermosos de muertos que no envejecieron
y los guardaron, con lágrimas, en un bello mausoleo,
con rosas a la cabeza y a los pies jazmines -
se asemejan los deseos que pasaron
sin cumplirse; sin merecer una
noche de placer, o una mañana luminosa.


Ambos poemas son del poeta griego Kavafis

jueves, 20 de septiembre de 2012

Love Will Tear Us Apart

Primavera, estiu, etc., de Marta Rojals, ha sido una de las últimas novelas exitosas de la literatura catalana. Mi ejemplar es de su tercera edición, aunque desconozco las tiradas que se han hecho de cada una de ellas. En cualquier caso, ha sido una novela que ha funcionado gracias al boca-oreja lo que irremisiblemente indica que "algo" tiene.




Èlia es una arquitecta treintañera que de golpe y porrazo de ve afectada por una doble crisis: su compañero Blai, tras 14 años de relación la abandona, y el despacho de arquitectos donde trabaja en Barcelona está padeciendo dramáticamente la crisis del sector de la construcción. En resumen, su vida más o menos estable se desmorona. Por Todos los Santos decide ir a su pueblo, en las Terres de l'Ebre y vuelve más tarde a pasar las Navidades. Allí se reencuentra con su pasado y con sus correspondientes fantasmas. Y estos tienen dos nombres: Clara y Bernat.

Love Will Tear Us Apart, de Joy Division, es la banda sonora de esta novela y también uno de los temas del libro: el amor nos destrozará... otra vez.




El amor en cualquiera de sus formas, aunque el amor romántico juega un papel fundamental y creo que es una de las razones principales por las que no puedes dejar de leer esta novela una vez la has empezado.

Novela ágil, entretenida, con muchísimos diálogos ágiles y vivos que reflejan la variedad dialectal de la zona. Un marcado tono generacional (cualquier treintañero catalán, y más si es de comarcas se va a ver reflejado), una óptica muy femenina y momentos de alto voltaje erótico (también femenino); un cóctel perfecto que explica su éxito. Marta Rojals es una escritora a seguir.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Escolta, Sepharad / Escucha, España

[XXXVIII]
 
No convé que diguem el nom
del qui ens pensa enllà de la nostra por.
Si topem a les palpentes
amb aquest estrany cec,
on sinó en el buit i en el no-res
fonamentarem la nostra vida?
Provarem d'alçar en la sorra
el palau perillós dels nostres somnis
i aprendrem aquesta lliçó humil
al llarg de tot el temps del cansament,
car sols així som lliures de combatre
per l'última victòria damunt l'esglai.
Escolta, Sepharad: els homes no poden ser
si no són lliures.
Que sàpiga Sepharad que no podrem mai ser
si no som lliures.
I cridi la veu de tot el poble: "Amén." 
La pell de brau, de Salvador Espriu

sábado, 8 de septiembre de 2012

Resignación estoica



Stoner, de John Williams, es una novela que tenía todos los números para pasar completamente desapercibida. Publicada originalmente en inglés en 1965, parece haber tenido una nueva vida al ser rescatada por la editorial New York Review Books Classics en 2006. Su publicación por primera vez este año en catalán y en castellano, posiblemente no hubiese sido posible si no hubiese sido recuperada por su país de origen.

Stoner nos cuenta la vida relativamente insignificante de William Stoner. Y digo relativamente insignificante porque todas las vidas tienen algún valor y porque todas, de algún modo u otro, son ejemplarizantes. William Stoner es un joven chico que vive en la granja de sus padres ayudándolos en las labores agrícolas a principios del siglo XX. Sus progenitores deciden enviarlo a la universidad para que estudie una especie de ingeniería agrícola y contribuya así a la mejora de la explotación agrícola familiar. Huelga decir que todo esto supone una gran inversión y un gran sacrificio para su familia; gente callada y endurecida por la herencia de generaciones consagradas al trabajo duro y a la adversidad. En la universidad, por esas casualidades que suceden en todas las vidas, vive una epifanía literaria que le hace abandonar los estudios técnicos y consagrarse al estudio de la literatura. Su carrera académica se rige por el rigor y la devoción por su objeto de estudio. Sin embargo, su vida, tanto en lo académico, pero sobre todo en lo personal, puede leerse como un gran fracaso, en el cual él ha jugado parte, pero no ha tenido todas las cartas. Tal vez le faltó el coraje necesario no sólo para ser un superviviente, y para sobrevivir se necesita coraje y estoicismo, sino el necesario para no resignarse a todos aquellos sinsabores, trabas y a veces hasta zancadillas que nos impone la vida a través de algunas de las personas que se cruzan en nuestro camino. La resignación estoica es el tema de esta novela. Ojalá William Stoner hubiese sido más rebelde y hubiese tenido más coraje. Tal vez a la mayoría de nosotros nos sobre resignación y estoicismo.   

Stoner es una novela sensible y amarga. Una novela que habla de una gran hombre que no pasará a la posteridad. De una vida digna pero hasta cierto punto malograda. Una vida tan contenida como el tono del autor al narrarla. Con episodios verdaderamente dramáticos, sobre todo en lo que respecta al amor, el verdadero, y los múltiples adioses que se narran en la obra, narrados desde una sinceridad brutal pero huyendo completamente del melodramatismo. Es más que probable que John Williams tuviese como autores de cabecera a Chejov, Gogol y Balzac. No en vano este último escribió una novela titulada Las ilusiones perdidas.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Lo que promete la rentrée #1


La rentrée viene cargada de novedades. Algunas de ellas realmente apetitosas. Además de la anteriormente citada Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan, se añade ahora La muerte del padre, del noruego Karl Ove Knausgård. Curiosamente no sólo ambas publicadas por Anagrama, sino que las dos tienen la muerte de uno de los progenitores de sus respectivos autores como motor desencadenante de la escritura de las mismas.


¡Pronto más!

jueves, 30 de agosto de 2012

Paratextos

Me muero de ganas de leer este libro, sólo por su bonita foto decubierta y por su magnífico título tan sugerente.


El texto promocional de la editorial dice lo siguiente:

"Después de encontrar a su madre muerta en misteriosas circunstancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías tomadas durante años, la crónica del abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho o las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos son los materiales de los que se nutre la memoria. Nos hallamos ante una espléndida y sobrecogedora crónica familiar, pero también ante una reflexión sobre la «verdad» de la escritura, porque son muchas las versiones de una misma historia y narrar implica elegir una de esas versiones y una manera de contarla. Y esta elección a veces es dolorosa, porque en el viaje de la cronista al pasado de su familia irán aflorando los secretos más oscuros."

Algún día escribiré un post sobre cubiertas y títulos.

miércoles, 29 de agosto de 2012

El tiempo es un canalla



Novelas que mantengan alguna relación con la música no he leído muchas. Alta fidelidad, de Nick Hornby, y tal vez alguna más que ahora no recuerdo. El tiempo es un canalla, de Jennifer Egan, no es de música precisamente de lo que trata, aunque ésta aparezca. No en vano narra el declive de la industria discográfica acontecido esta última década, pero este tampoco sería el tema. El tiempo es un canalla habla justamente de lo que afirma su título: del paso del tiempo. Y éste no es precisamente un concepto que valoremos positivamente, al menos si lo contemplamos desde una perspectiva filosófica. El paso del tiempo es demoledor.

Jenniger Egan abre su novela con dos citas extraídas de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. La primera de ellas afirma lo siguiente:

"Los poetas sostienen que recobramos por un momento lo que fuimos en otro tiempo al entrar de nuevo en tal casa, en tal jardín donde vivimos de jóvenes. Son peregrinaciones muy arriesgadas y tras las cuales se cosechan tantas decepciones como éxitos. Los lugares fi jos, contemporáneos de años distintos, más bien debemos buscarlos en nosotros mismos."

El tiempo es un canalla es una novela coral que recorre la peripecia vital de sus múltiples personajes, interrelacionados entre sí de una u otra manera, en momentos diferentes de sus vidas. Desde La Dolly, una relaciones públicas de éxito que cae en desgracia y años después no tiene más remedio que ganarse la vida como relaciones públicas de un jefe de estado que es un reconocido genocida, pasando por Sasha, una joven conflictiva que se recicla como asistente personal del director de una discográfica, adolece de cleptomanía, y acaba viviendo en el desierto, Lou, representando el momento álgido de la industria y también, metafóricamente, su situación actual o Bennie, el gran aglutinador, claramente consciente de que edita basura. Cada capítulo de esta novela podría leerse aislado como de si un cuento autónomo se tratase. Sin embargo, es la suma total la que transmite el mensaje: el paso del tiempo nos afecta y nos cambia, de la misma forma que cambia nuestro entorno.

Mención aparte merece la estructura de la novela. El discurso no es lineal y se construye a través de saltos en el tiempo que van desde los años 70 a 2020. El primer y último, íntimamente relacionados, son un perfecto inicio y final para un libro redondo. Y la cita de de Proust que he reproducido antes, cobra sentido, un sentido hasta doloroso, en el último capítulo.

Jennifer Egan ganó el National Book Critics Circle Award 2011 y el Premio Pulitzer 2011 con esta obra cuando todo parecía indicar que lo iba a recibir David Foster Wallace. La HBO ha comprado los derechos para hacer una serie de ella. Pero lo que a mí me sorprende, al igual que me pasó con Tawni O'Dell, es que este sea el primer libro que se ha traducido al español, cuando ambas autoras tienen al menos tres libros anteriores. Nunca es tarde si la dicha es buena, pero esperemos que no sea flor de verano y que pronto veamos más títulos de ambas en las librerías.

El tiempo es un canalla ha sido publicado por Minúscula y existe una traducción al catalán, El temps és un cabró, publicada por Edicions 1984.

domingo, 19 de agosto de 2012

Cuando la verdad es insoportable



Caminos ocultos son los que tiene que recorrer el protagonista de esta novela, Harley Altmyer, para descubrir la verdad, para cerrar, tal y como le aconseja su psiquiatra (¡ojo con los consejos de los psiquiatras!), un episodio vital más que dramático. La madre de Harley está en la cárcel por haber matado a su marido, el padre Harley. Por esta razón, Harley, con apenas 19 años, se ha convertido en el cabeza de familia y el responsable de cuidar de sus tres hermanas menores, cuando casi apenas puede cuidar de sí mismo.

La familia de Harley es más que complicada. Es un drama en ella misma. Es más, es una tragedia griega. El descubrimiento de la verdad, tendrá tales repercusiones que al igual que Edipo, tal vez fue mejor no saberla nunca. Los embates que recibe el aún tierno Harley serían insoportables para casi cualquiera, y si su vida ya en sí es una pesadilla, su viaje al conocimiento es un descenso a los infiernos. Y es que a veces es mejor no saber. Ya lo dice él mismo:

"Mi pasado me había enseñado que la fortaleza para enfrentarse a las atrocidades no se consigue siendo valiente sino alcanzando cierto grado de atontamiento." (253)

Caminos ocultos, de Tawni O'Dell, no sólo es un libro de una gran intensidad creciente, sino que además es el mejor libro que he leído este año. Un puñetazo en plena cara. Una lectura obligatoria.

La web de Siruela, la editorial que publica la traducción al castellano de esta obra, anuncia el próximo estreno en los EE. UU. de la película basada en esta novela así:

"Back Roads, la película basada en el libro, se estrenará en Estados Unidos el próximo mes de octubre. Dirigida por Adrian Lyne (Flashdance, Nueve semanas y media, Atracción fatal), estará protagonizada por Andrew Garfield (La red social), Jennifer Garner (Juno), Marcia Gay Harden (ganadora de un Óscar a la mejor actriz de reparto por Pollock) y Chloë Moretz (La invención de Hugo, Déjame entrar)."

jueves, 9 de agosto de 2012

La utilidad del dolor


Sentirse perdido en este mundo no es algo tan extraño. Supongo que aún menos si se es un adolescente lúcido como James Sveck y el contexto en el que se encuentra es el de una familia desestructurada de pijos y esnobs con ínfulas intelectuales residentes en Manhattan en pleno siglo XXI. Las crisis de identidad son un fenómeno frecuente por el que todos hemos pasado por lo menos una vez en nuestras vidas. Me pregunto si es afortunado quien sólo la padece una vez o el que la padece muchas, a pesar del dolor que éstas irremediablemente conllevan. La autoconciencia extrema puede ser un fenómeno literariamente interesante si se sabe sacar provecho de ella, pero puede ser una tortura infernal para quien la carga consigo todas las horas de su vida y no sabe cómo manejarla.




Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron (Libros del Asteroide), es una novela de título evocador y lleno de esperanza, aunque a primera vista pueda parecer lo contrario. El título proviene de la inscripción que hay en la puerta de entrada de un campamento en el que reforman a adolescentes con trastornos importantes mediante el trabajo físico y el contacto directo con la naturaleza y al que los padres del protagonista le obligaron a asistir: “Sé paciente y resiste: algún día este dolor te será útil”[1] (55). En resumen, aunque el sufrimiento presente nos parezca injusto e insoportable, no hay mal que por bien no venga o lo que no te mata te hace más fuerte. Éste es, en definitiva, el testamento que James recibe de uno de los pocos personajes al que ama y respeta sin ningún tipo de duda e incondicionalmente:

“Tener malas experiencias a veces es una ayuda, te aclara más lo que deberías hacer. Sé que esto parece demasiado optimista, pero es cierto. Quienes solo han tenido buenas experiencias no son muy interesantes. Puede que estén contentos y sean felices de alguna manera, pero son superficiales. Ahora te parecerá un contratiempo, algo que te complica la vida, pero... es demasiado sencillo vivir sin complicaciones. No es que la felicidad sea necesariamente simple, pero no creo que tú vayas a tener una vida fácil y será mejor para ti. Lo difícil es no dejarte abrumar por las malas rachas. No debes permitir que te derroten. Tienes que verlas como un regalo... un regalo cruel, pero regalo a fin de cuentas.” (226-227)

Un mensaje cargado de verdad, aunque con matices. Me resisto a creer en que por norma las personas felices son superficiales y que las infelices son profundas. Conozco unos cuantos ejemplos que desmienten las dos afirmaciones, aunque no puedo negar que la superficialidad puede ayudar a la felicidad, por lo que la primera puede tener de inconsciencia. Es un hecho: pensar no ayuda a ser feliz. James Sveck piensa mucho, demasiado. Es normal que no se sienta a gusto entre gente de su edad, incluso entre adultos. Cualquier acto comunicativo es una pérdida de tiempo porque un mundo interior rico provoca que el exterior se vuelva vacuo y carente de interés. Reconcentrado, autosuficiente y retroalimentativo, nada es más urgente que el yo. Es más, a fuerza de mantener un diálogo incesante con uno mismo dificultamos que los demás puedan convertirse en un interlocutor válido, porque nadie es capaz de entendernos como creemos, y sí, digo creemos, entendernos a nosotros mismos.

La novela de Peter Cameron es divertida, aunque a primera vista, antes de sumergirnos en la lectura, el título, aunque muy cierto y apropiado, nos pueda inducir a error y pensemos que nos vamos a encontrar con una novela melodramática. Los diálogos son ágiles e inspirados y las reflexiones del protagonista inteligentes. El ritmo de la narración provoca que la lectura sea adictiva, si bien no es una novela de acción. Las sesiones de James Sveck con su psicoterapeuta no tienen desperdicio. Así como tampoco lo tiene el nombre de algunos de sus personajes.


[1] Esta imagen no deja de recordar las ya tan asimiladas imágenes de las entradas de los campos de concentración nazis con su inscripción de “Arbeit macht Frei”. Moraleja: desconfía de las inscripciones de cualquier tipo de centro en el que se “trate” a grupos de personas.

viernes, 13 de julio de 2012

Lecturas de verano

Las vacaciones, ese periodo tan esperado. A veces toda la razón de ser de un curso laboral. Y que cuando por fin llegan, ofreciendo infinitas posibilidades, parecen una vida, en la que el fenecer es cercano.

Lo que planeo leer estas vacaciones:



Peter Cameron
Libros del Asteroide





Tawni O'Dell
Siruela



Rafel Nadal
Destino

Obras cuyos títulos pretenden evocar realidades inciertas, promesas y hasta nostalgia. Cada una escogida por una razón concreta y privada, espero que den respuesta a mis desazones presentes.

martes, 10 de julio de 2012

Mafalda y yo

Felipe, de Quino, es uno de los personajes de ficción más logrados para representar el trastorno obsesivo compulsivo y el pesimismo. El angustias perpetuo, que sueña, cómo podía ser sino, con ser El Llanero Solitario. Una ironía cruel de un autor que, sin embargo, a menudo se enternece con sus personajes.


Mafalda, desde pequeña, siempre ha sido una de mis obras favoritas. Mi primer libro de Mafalda, el número tres, me lo regaló mi hermana una mañana de domingo. Había venido a Granollers a visitarnos con su novio. Yo tendría entre seis y ocho años. Estábamos en el antiguo bar del Casino, donde nos habíamos refugiado de la lluvia. Ese día llovió a cántaros y las cloacas se inundaron. Mi hermana lo llevaba encima, en el bolso, porque supongo que pensaba leerlo en el autobús, aunque si venía acompañada de su novio, no creo que leyese mucho en el trayecto. Entonces venía a Granollers en autobús, no en tren. En aquella época los trenes para venir a Granollers salían de la Estació de França. De esto hace más de 25 años. No sé por qué, al final me lo dio y me lo quedé. Supongo que a mi hermana Mafalda no le gustaba mucho.


Con este volumen empecé mi colección y mi larga relación con Mafalda. Como a muchos niños, me gustó. Mafalda tiene muchos niveles de lectura. Evidentemente, no podía entender muchas de la tiras. De hecho, cuando me volví una verdadera lectora de Mafalda fue en el verano del 94, cuando iba al instituto. Entonces me compré todos los volumenes que se habían publicado. Al ómnibus de Lumen todavía le faltaban años para salir a la venta. Creo que ni entonces entendía la totalidad de las tiras ni podía valorar en su justa medida la agudez de muchas de ellas. La viñeta que reproduzco a continuación sólo puede ser profundamente comprendida cuando uno ya dispone de un cierto rodaje en esto de circular por la vida. y ha sufrido unos cuantos desencantos y desengaños. Cuánta verdad destila de las páginas de Mafalda.   


Los personajes de Mafalda, arquetípicos, estaban paradójicamente tan bien definidos y resultan tan memorables, que hoy, muchos años después, todavía los recuerdo con gran nitidez. A ellos el mundo no los ha cambiado. Mafalda, Guille, Susanita, Felipe, Manolito, Libertad... Felipe y Manolito eran mis favoritos. De niña, tal vez mi predilección estaba en Manolito, por lo que tenía de cómico por su brutalidad y visceralidad. Al crecer, me decanté por Felipe, porque su patetismo y su melancolía me enternecían y aún hoy me siguen pareciendo entrañables.


Me resulta extraño como el mundo del cómic, al menos el español, mira con cierto recelo a esta serie. Quizá porque no logran entender o envidian su éxito. Mafalda es de lo mejor que he leído en toda mi vida. Y ahora, unos 25 años después de nuestro primer encuentro, me pregunto por qué Quino escogió a una niña en lugar de un niño, para protagonizar esta obra tan memorable.



martes, 26 de junio de 2012

Estoy aprendiendo a abandonar el mundo

Últimamente me siento así, pero sin el final.

I Am Learning To Abandon the World

I am learning to abandon the world
before it can abandon me.
Already I have given up the moon
and snow, closing my shades
against the claims of white.
And the world has taken
my father, my friends.
I have given up melodic lines of hills,
moving to a flat, tuneless landscape.
And every night I give my body up
limb by limb, working upwards
across bone, towards the heart.
But morning comes with small
reprieves of coffee and birdsong.
A tree outside the window
which was simply shadow moments ago
takes back its branches twig
by leafy twig.
And as I take my body back
the sun lays its warm muzzle on my lap
as if to make amends.

Linda Pastan (1981)

martes, 21 de febrero de 2012

Entre lo uno y lo otro



Hay libros extraños. Empiezan siendo uno y acaban siendo otro, y a la vez siguen siendo el mismo. Hay libros que adquieren una gran intensidad justo al acabar el primer tercio del mismo, otros no la adquieren hasta el final y la mayoría no la logran nunca.

Entre cielo y tierra, de Jón Kalman Stefánsson (Salamandra) es uno de estos libros. Empieza siendo una novela sobre un grupo de pescadores de bacalao en la Islandia de hace más de un siglo. Podría decir de intrépidos pescadores por el gran riesgo que corren cada día cuando entran en el mar que les da de comer, pero que también puede quitarles la vida. Pero no, no son intrépidos, entran en el mar por necesidad. No tienen otro remedio. El duro paisaje y el aún peor clima de Islandia no les ofrece más posibilidades. Pronto nos daremos cuenta de que hay otro personaje, el clima, y que éste es poderoso y letal. Más adelante creeremos que estamos ante la historia de uno de los pescadores y, después, descubriremos que lo que estamos leyendo es la historia de un montón de personajes, bastante herméticos, unidos entre sí por un fino hilo, delgado y a la vez consistente.

Entre cielo y tierra es una novela extraña... y poderosa. Narrada con un lenguaje que en muchos casos bordea la poesía, es una meditación en absoluto melodramática sobre la naturaleza humana. Muy contenida y quizá tal vez por ello lírica.

jueves, 12 de enero de 2012

Fueras de serie


Tuve noticia de Malcolm Gladwell gracias a la tristemente extinta Revista de Libros, una fantástica publicación en la que apareció, hace ya unos cuantos años, una extensa, sólida y argumentada reseña sobre Fueras de serie. Si hubiese visto el libro en la librería sin tener ninguna referencia sobre él, enseguida hubiese pensado que se trataba de una especie de libro de autoayuda de esos que tanto abundan, escritos para tontos, en el que el lenguaje pseudo infantil y exageradamente enfático, urge al lector con un mínimo de consistencia intelectual a salir corriendo. 
Fueras de serie es más bien un ensayo sociológico a través del cual Gladwell intenta explicar las razones por las que unas personas llegan a tener éxito y otras no. Esto es, no es una receta para que tú, triste mortal, logres ser un fuera de serie (sin sufrir, sin sudar, en cinco días, ¡es fácil!, etc.).
La tesis de Gladwell es sencilla aunque debe resultar incómoda para muchos: el éxito es, por supuesto, el resultado de unas buenas dotaciones iniciales, pero también de una dosis ingente y descomunal de trabajo y de una serie de circunstancias y/o coincidencias contextuales que escapan completamente a nuestro control. Resultado: tener éxito no depende completamente de ti. (Por éxito aquí entendemos un éxito descomunal. Ser Steve Jobs, por ejemplo, y no yo cocinando una mousse de chocolate con éxito el domingo en mi casa o publicando una novela que se vende decentemente bien y sale en la prensa gracias al trabajo de mi publicista).
Problemas: Gladwell desmonta totalmente el mito del hombre que consigue el éxito gracias a sí mismo, gracias a un genio innato o sólo de trabajo (aunque está claro que hay que tener genio y que hay que trabajar, mucho, 10.000 horas de ensayo/error como mínimo). El éxito se consigue gracias a estos aspectos y a que en algún momento de tu vida se da alguna circunstancia, ya sea tu fecha de nacimiento (y el horóscopo no tiene nada que ver), que te acepten o rechacen el algún momento, que alguien apueste por ti... En definitiva, que se presente algún tipo de oportunidad, la cual sólo a posteriori podrás reconocer como tal, que haga que puedas practicar las 10.000 horas necesarias en lo que sea que permitan que tu genio explote. Tratándose de 10.000 horas, está claro que necesitas que esa oportunidad, ese clic, se dé pronto en tu vida, porque si no, una vez entrados en la vorágine de la vida adulta, dificilmente tendrás la oportunidad de dedicar 10.000 horas de entrenamiento a alguna actividad, más allá de trabajar, conducir, fregar los platos o lo que sea.
El contexto también es decisivo. No es lo mismo nacer en el seno de una familia de clase media-alta que en el de una familia de clase baja; pero también lo es la cultura a la que perteneces, porque te condiciona no sólo en lo que respecta a oportunidades, sino que también en las habilidades requeridas para desempeñar cualquier profesión o tarea. Gladwell lo ejemplifica perfectamente con un interesante capítulo dedicado a los accidentes de aviones.
En resumen, verdades de perogrullo, pero no por ello es menos necesario que se digan.
Fueras de serie es un libro interesante, recomendable, sólidamente argumentado y bien escrito. Una grata sorpresa ya que lo encaré con una cierta prevención, a pesar de las buenas referencias que tenía. Me alegro de no haberme dejado llevar por mis prejuicios.

domingo, 8 de enero de 2012

Tres Reyes, tres libros

Sí, los Reyes son tres, y tres libros me han traído. No se cuál escogió cada uno, pero aquí están:



Trifulca a la vista, de Nancy Mitford
Libros del asteroide


 Entre cielo y tierra, de Jón Kalman Stefánsson
Salamandra


La aventura sin fin, de T. S. Eliot
Lumen

lunes, 2 de enero de 2012

Barnes y Holmes


Arthur y George es una novela del prolífico Julian Barnes, autor británico muy conocido en nuestro país desde la publicación de Hablemos del asunto y El loro de Flaubert. 

Tal como indica el título, ésta es una novela basada en hechos reales construida alrededor de dos personajes, Arthur Conan Doyle, el creador del personaje de Sherlock Holmes, y George Edalji. Las historias de ambos personajes transcurren paralelas hasta que en un momento determinado se cruzan con intensidad, para luego volver a separarse. George Edalji es el hijo mestizo de una escocesa y del vicario de origen parsi de Great Wyrley. Desde pequeño, vive una vida bastante alejada de la comunidad que le rodea, en parte por su gran miopía sin tratar, pero también por su carácter reconcentrado y la rigidez de los valores morales inculcados por su padre. Llega a ser abogado y a ejercer en un despacho de Birmingham. Sin embargo, un fantasma que le persigue desde los años de adolescencia vuelve a aparecer. Lo que empezó con un acoso con cartas anónimas amenazantes y intimidatorias, termina con una acusación formal de ser el autor material del desuello nocturno de un pony de Great Wyrley. George, en tanto que abogado, confía en que una correcta y justa aplicación de la ley le absolverá, pero se equivoca y es condenado a siete años de prisión. El eco del caso Dreyfus, militar alsaciano de origen judío acusado y condenado injustamente por espionaje, está latente. 

Y aquí es donde entra el personaje de Conan Doyle, del que ya sabemos muchas cosas porque a medida que Barnes nos cuenta la peripecia de George, también nos narra el ascenso biográfico de Arthur. Nos lo presenta como un hombre vital, apasionado y generoso, imbuido en los ideales de honor del siglo XIV. Son éstos los ideales que lo harán implicarse en el caso de George, pero también dilatar en el tiempo la resolución final de un asunto personal, que lo desconsolará durante buena parte de su vida adulta.Arthur conoce el caso George Edalji una vez éste ha salido de la cárcel con la libertad condicional. Inmediatamente se indigna por lo que considera un injusticia cometida por razones raciales y decide hacer todo el ruido posible para conseguir la absolución de George, el arresto de los verdaderos culpables y la condena de lo que considera una actuación por lo menos tendenciosa por parte de los estamentos policial y judicial. La huella del J'accuse...!, de Émile Zola, vuelve a ser manifiesta. 

Las claves de la excepcionalidad de esta novela se pueden resumir en la consecución de su meta principal, la ambición. Y es que en efecto nos encontramos ante una obra ambiciosa con todos los peligros que ello conlleva cuando la acomete un autor que no tiene la dilatada experiencia y la gran pericia de Julian Barnes. Enfrentarse a la narración ficcional de unos acontecimientos reales y controvertidos en la que, además, uno de los personajes principales es uno de los máximos exponentes de la cultura británica, no es una tarea sencilla. Por si esto fuera poco, nos encontramos ante una suplantación doble. Arthur Conan Doyle hace por vocación de Sherlock Holmes, aplicando al caso de George Edalji todas las técnicas detectivescas que ha empleado en la narración y resolución de los casos de las novelas del detective. Este hecho generará desconfianza e hilaridad irónica por parte del estamento policial que investigó el caso cuando se tenga que enfrentarse a éste. La consecuencia inevitable de esta primera suplantación es que Julian Barnes, a su vez, se convierta en Arthur Conan Doyle, convirtiéndose en un hábil narrador de tramas detectivescas, que recrea la dualidad psicológica de los personajes de Sherlock Holmes y el Doctor Watson en Arthur Conan Doyle y su secretario, el señor Woods. 

Y sin embargo no estamos solos ante una novela de detectives postmoderna con base histórica, también estamos ante un texto donde se reflexiona sobre la moralidad y el honor no sólo a través del caso Edalji, sino que también por medio del adulterio platónico. Es también una novela sobre la falibilidad de las creencias y un retrato de costumbres de la Inglaterra profunda. Un cúmulo de ingredientes que hacen de lo más apetitosa esta novela que convierte personas reales en personajes literarios.