jueves, 29 de septiembre de 2011

Haarmann. El carnicero de Hannover, un asesino en serie


Ediciones La Cúpula

El temor hace ya varios meses que recorre las callejuelas del casco antiguo de Hannover y la gente sigue desapareciendo sin dejar rastro. Los temores más horribles parecen confirmarse cuando se encuentran los esqueletos de varios hombres jóvenes, con los cráneos limpiamente separados del cuerpo.

Esta novela gráfica histórica de Peer Meter e Isabel Kreitz nos narra los últimos meses del peor asesino en serie de Alemania, Fritz Haarmann, también conocido como “el vampiro de Hannover”. Con una narración convincente y un dibujo que transmite a la perfección la sombría atmosfera de los años veinte en la ciudad de Hannover, asistimos a un excelente retrato de unos hechos que conmocionaron a la opinión pública de su tiempo y que supusieron también un gran escándalo judicial.




A Fritz Haarmann se le considera el responsable de 27 asesinatos acontecidos en la ciudad de Hannover entre 1918 y 1924 y se le condenó por 24 de ellos, siendo finalmente ejecutado. Las víctimas de Fritz Haarmann eran siempre hombres jóvenes a los que ofrecía trabajo y alojamiento. Una vez en su buhardilla y con la colaboración de su pareja, Hans Gras, abusaba sexualmente de ellos y les seccionaba la carótida de un mordisco (por esta razón también se le conocía popularmente como “el vampiro de Hannover”). Finalmente, deshuesaba los cadáveres de sus víctimas y procedía a vender su carne como si esta fuera de cerdo o de caballo.

La obra retrata fielmente la psique colectiva, el efecto social que este tipo de asesinatos tenía sobre la sociedad en la que tuvieron lugar y el papel más que vergonzoso que jugó la policía de Hannover para la cual Fritz Haarmann trabajaba como valioso informador.

Haarmann es, en definitiva, una novela gráfica no sólo sobre la enajenación mental de su protagonista, sino que también sobre la Europa anterior a la instauración del Estado del Bienestar en la que las clases populares se enfrentaban a una lucha diaria por la supervivencia.

El personaje de Fritz Haarmann ha sido llevado al cine en tres ocasiones. El clásico de 1931 M., de Fritz Lang y protagonizada por Peter Lorre, se inspira en Fritz Haarmann así como también en dos otros asesinos en serie alemanes: Peter Kürten y Carl Großmann. Hollywood realizó en 1951 un remake de esta película dirigido por Joseph Losey y protagonizado por David Wayne.

La ternura de los lobos (Die Zärtlichkeit der Wölfe), de 1973 se centra en exclusiva en los crímenes de Haarmann. Dirigida por Ulli Lommel y producida por R. W. Fassbinder (quien interpretaba también el papel de Wittkowski), el papel de Haarmann lo interpretaba Kurt Raab.

Der Totmacher (1995), protagonizada por Götz George en el papel de Haarmann y dirigida por Romuald Karmakar. La película se basa en los informes psiquiátricos que el Dr. Erich Schultze realizó a Fritz Haarmann.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

No cocina, pero tampoco muerde


Una temporada para silbar, de Ivan Doig
Traducción de Juan Tafur
Libros del Asteroide, 2011

"No cocina, pero tampoco muerde" es lo que aparece en el anuncio que Rose pone en un periódico ofreciéndose como ama de llaves. Los Milliron, familia que consta de un granjero víduo, aún joven, más tres hijos pequeños, residentes en la montana rural de principios de siglo XX, solicitan sus servicios. A partir de aquí parte una novela de corte clásico que evoca una América probablemente ya desaparecida o en vías de extinción, articulada alrededor de una escuela rural de una sola aula en la que compartían espacio los alumnos de diferentes cursos y un solo profesor para todas las materias y todos los niveles. Paul, uno de los tres hijos, es el narrador de este relato retrospectivo al tener que volver, ya de adulto y como superintendente de Instrucción Pública, a su pueblo natal para dar orden de cerrar estas escuelas unitarias. El gobierno norteamericano está inmerso en la carrera espacial y debe recortar fondos de otras partidas presupuestarias para dedicarlos a esta nueva prioridad. El regreso de Paul a su pueblo natal será el disparo de salida para evocar su infancia, ya que él mismo fue alumno de una de estas escuelas entrañables y allí tuvo de profesor a Morris, hermano de Rose y profesor excepcional, quien no sólo juega un papel fundamental en el desarrollo académico e intelectual de Paul, sino que accidentalmente será clave en la pérdida de la inocencia del mismo y, por consiguiente, en su irrevocable entrada en la edad adulta.

Una temporada para silbar, de Ivan Doig, es una deliciosa y cadenciosa novela muy en la línea de los títulos cuidadosamente seleccionados a los que nos tiene acostumbrados Libros del Asteroide. Novela de hálito claramente nostálgico, evoca un mundo y, sobre todo, unos valores que se han convertido casi en extravagantes en la sociedad actual. Con un tono marcadamente elegíaco, Paul, y tal vez el mismo autor en esta evocación del pasado, se resiste a que aquello que ama desaparezca para siempre, dejando un resquicio a la esperanza a través del minúsculo y a la vez mayúsculo grano de arena que un solo individuo puede aportar a la construcción del mundo. Una temporada para silbar no cocina, pero tampoco muerde... ¿O tal vez sí?

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Aya de Yopougon


Aya de Yopougon, de Marguerite Abouet y Clement Oubrerie, es una lectura que tenía pendiente desde hacía tiempo. La verdad es que no sé por qué no me había puesto antes con ella, ya que el primer volumen de la serie llevaba en una estantería detrás de mí meses y meses. Tal vez fuese porque se trata de una serie de seis volúmenes y las serializaciones, tan frecuentes en el cómic, me resultan un tanto pesadas. No es por la extensión, sino por los problemas que supone tener que esperarse a la salida del siguiente volumen, sobre todo si la serie te engancha y el volumen siguiente está pendiente de publicación. Aunque si no te ha enganchado, ¿que más da?

En fin, que ayer me decidí.

Aya de Yopougon
es un cómic costumbrista con un tinte exótico que gira alrededor de tres amigas, Aya, Adjoua y Bintou, cada una de ellas con una personalidad muy definida, y una galería variopinta de personajes que incluye a los correspondientes padres, hermanos, hermanas, novios, pretendientes, suegros, etc. Tiene una narración ágil y divertida y una cierta visión desencantada del mundo, salpicada con dosis de humor, en la que los giros inesperados, aunque parezca una paradoja, te hacen pensar que son más reales que la vida misma. En el fondo no es más que un culebrón ambientado en una África, en concreto en Costa de Marfil, que dista bastante de la imagen del continente que hemos construido a partir del relato que nos ofrece la televisión. Alegre, colorista, desenfadado, los problemas de las tres protagonistas, en el fondo, no son tan diferentes de los de cualquier jovencita occidental. Evidentemente, el contexto es diferente, pero los sentimientos y situaciones son universales, porque de joven te preocupa tu futuro, pero sobre todo el amor y la amistad.

No estamos aquí ante un cómic excepcional pero sí ante una obra fresca, entretenida, ideal para todos aquellos que se acercan al cómic por primera vez, o tras un largo periodo de abandono y ante un vago temor ante lo que pueden encontrarse. Como afirma Álvaro Pons, Aya de Yopougon es una mezcla de slice of life y National Geographic, que según mi parecer está bien resuelta. La cotidiano y lo exótico se mezclan bien y el resultado es agradable y atractivo para el lector.

Aya de Yopougon es una serie de éxito cuyo primer volumen ganó el premio al Mejor Primer Álbum en el Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême en 2006 y ha sido traducido a varias lenguas.