viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuando Satán vuelva a casa por Navidad

No todo este 2011 ha sido malo; por mucho que se empeñen los medios de comunicación ahora que hacen el balance anual en dejarnos una imagen de éste como un año no malo, no, terrorífico. No entraré en consideraciones de como ha sido este año para mí, porque es una cuestión personal y porque si tengo que seguir la tónica general y hablar de años malos, algo muy gordo tendría que suceder entre hoy y mañana o en los años venideros, para superar en oscuridad a 2008.

Aunque se empeñen en situarnos con o sin razón al borde del abismo, cada pequeño día puede aportarnos algún pequeño motivo para la felicidad. Sólo hace falta concentrarnos en estos pequeños destellos y olvidarnos del resto. Sé que ahora estoy sonando a manual de autoayuda, lo que hace que me avergüenza un poco, pero es cierto. Esta mañana me he despertado a las ocho de la mañana con la radio. El locutor estaba haciendo el editorial que abre el programa enumerando los greatest hits de las penalidades del año que toca a su fin. Realmente una buena manera de empezar el día. Daban ganas de no levantarse de la cama. Pero a media mañana he tenido una sorpresa muy agradable. Me ha llegado un ejemplar de una edición no venal de un cuento de Robertson Davies titulado Cuando Satán vuelva a casa por Navidad y publicado por Libros del Asteroide. Había participado en un modesto concurso promocional y éste ha sido mi premio. La verdad es que me ha alegrado el día. Esto de que te toque algo, y además algo que te gusta, levanta el ánimo y te da una cierta esperanza, porque ves que al fin y al cabo, la vida, por muy dura e injusta que sea, a veces, sin esperarlo, te sonríe, tímidamente, pero te sonríe. Y eso, más que nunca, es lo que cuenta.

¡FELIZ 2012 A TODO EL MUNDO! NOS LO MERECEMOS Y SI 2012 NO SE PORTA BIEN, ¡A POR ÉL!



viernes, 23 de diciembre de 2011

De listas y listos, again

Hoy se ha publicado en el blog Papeles perdidos de Babelia (El País) la lista de los 25 mejores libros del año 2011. Una lista tan arbitraria como cualquier otra. Se realiza a través de una encuesta a 57 críticos, según la cual éstos deben enviar una lista de los que ellos consideran los 10 mejores títulos del año que termina, ordenados por preferencia descendente. A partir de aquí, cada título obtiene un número determinado de votos según su posición en la lista en la que aparece, pudiendo aparecer, evidentemente, en más de una. Al final se suman todos los votos de todas las litas, de manera que los 25 mejores libros son los que han obtenido más votos.
Resulta más que evidente que con que aparezcas en tres listas con una calificación más o menos media, tienes muchas posibilidades de aparecer en la lista de los 25, dada la cantidad de personas que votan y votos que se emiten.  Diez títulos por 57 personas, pueden generar una variedad de títulos bastante importante.
Lo que me resulta un tanto curioso es que haya cierto descontrol. Winston Manrique lo dice muy claramente en el texto que precede a la famosa lista, cuando explica cuáles fueron las condiciones que se les dieron a los críticos para participar en la encuesta a la hora de incluir los libros: "El único requisito fue que el libro [para poder ser votado] hubiera sido publicado y/o traducido este año en España." Pues bien, yo ya he visto en el detalle de las votaciones de los críticos (que se supone que son los que saben, ¿no?) por lo menos dos títulos que no han sido ni publicados ni escritos este año 2011 en España, si no que son anteriores.

En cualquier caso y dejando este pequeño detalle de relativa (?) importancia al margen, ésta es posiblemente la lista más importante si nos circunscribimos al marco a la edición en lengua española. Si es que las listas tienen alguna importancia. La encontraréis aquí.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Putas



Que Chester Brown es un tipo curioso hace tiempo que lo sabemos. Sólo hace falta leer Ed, el payaso feliz para darse cuenta de que estamos ante un autor poco convencional. Pero es que con Pagando por ello. Memorias en cómic de un putero, riza el rizo. Creo que hay que ser muy sincero y valiente para admitir públicamente que se es un cliente habitual de la prostitución. No todo el mundo se atrevería a hacerlo. Y lo es porque son muchas las razones por las que uno puede recurrir a los servicios de una prostituta, pero Chester Brown reconoce públicamente la que puede que sea la razón principal de la existencia de este oficio y que no todos los hombres estarían dispuestos a reconocer (por aquello de la hombría), esto es, que tiene dificultades serias para ligar. Todos somos muy modernos pero luego resulta que reprobamos las conductas de los demás por parecernos vergonzantes e indignas, y nos incomoda que los demás asuman como propias debilidades que nosotros no nos perdonaríamos reconocer públicamente. A Chester Brown, sin embargo, no le causa ningún pudor. En Pagando por ello nos cuenta como desencantado del amor romántico tras su ruptura con su última pareja sentimental, decide no volver a tener novia nunca más y es aquí donde se le plantea un conflicto que debe solucionar: cómo seguir manteniendo relaciones sexuales cuando no se poseen las habilidades sociales suficientes para conseguir tener ligues de una sola noche. Y la solución es el sexo de pago. A partir de aquí Chester Brown nos presenta un diario gráfico del tiempo que estuvo relacionándose con prostitutas y nos explica cómo fueron estos encuentros, sus expectativas, sus alegrías, sus decepciones, sus dudas y sus miedos. Pero lo más interesante del libro y lo que en definitiva le aporta valor y lo hace único, es su reflexión sobre el amor romántico, nefasto y pernicioso a su parecer porque se trata de una creación cultural basada en la posesión del otro y siempre acaba provocando sufrimiento; y su alegato a favor de la normalización, no sólo descriminalización, de la prostitución, defendiendo la libertad del individuo para hacer con su cuerpo lo que le plazca siempre que se estén respetando los derechos y libertades del otro. Todo este discurso muy bien argumentado y discutido con el resto de personajes que aparecen en el libro, dos de sus ex novias, su hermano, sus amigos y también dibujantes Joe Matt y Seth... y ampliamente razonado en las notas finales que acompañan el libro, unas cincuenta páginas de argumentación y demostración a través de un buen trabajo bibliográfico.

Se puede o no estar de acuerdo con las tesis de Chester Brown. Yo misma comparto algunas de sus opiniones y otras no. Quizá a veces me parece un tanto radical, pero quién sabe qué experiencias le han tocado a él vivir que yo no he vivido y viceversa.

Lo que está fuera de duda es que esta es una obra interesantísima, peculiar y personal, que no dejará indiferente a quien la lea y que da qué pensar.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Decepcionar es pecar


Tenía muchas ganas de leer Las crónicas de la señorita Hempel, de Sarah Shun-lien Bynum. Ganas a ciegas, porque no conocía ni la obra ni a la autora, pero que viniese avalada por ser publicada por Libros del asteroide, ya era una garantía de calidad, más que una mera promesa de la misma. El resultado, sin embargo, ha sido decepcionante. Una decepción grave, porque en el fondo ésta radica no en las expectativas defraudadas por su simple inclusión en un sello sinónimo de calidad, sino porque la misma obra tiene un inicio espectacularmente bueno, que se desinfla con una rapidez pasmosa, que resulta dolorosa. Y esto sí que decepciona, porque prometer sin cumplir es pecar: si una expectativa muy alta no se cumple, la decepción es mayúscula y se vuelve contra ti.


La novela se abre con una celebración escolar por la que van desfilando uno a uno los que parecen ser los principales alumnos de la señorita Hempel, una joven que acaba de iniciar su carrera como profesora y que se siente un tanto insegura. La manera tan delicada y eficaz que tiene la autora de describirnos oportunamente a cada uno de estos jovencísimos personajes, provocándonos que leamos cada una de sus líneas con una sonrisa en los labios y un atisbo de ternura, promete las delicias de cualquier lector con un mínimo de inteligencia y sensibilidad literaria. Promete una novela redonda, llena de detalles y caminos que recorrer, siguiendo las peripecias de unos personajes que a través de una breve descripción se nos han hecho reales y que ya sentimos un poco nuestros. Pero no es así.


Las crónicas de la señorita Hempel carece de unidad y consistencia. Su nexo articulador es el personaje de la maestra, lo cual sería una solución habitual completamente válida, pero es que este personaje palidece y se desdibuja y la suma de capítulos un tanto inconexos, con historias secundarias un poco sin ton ni son (no sabemos por qué se nos explican), con personajes que aparecen un tanto in media res y que desaparecen sin dejar rastro, provoca que al final tengamos la sensación de estar en un bufet libre con unos entrantes maravillosos y unos segundos sosos.

Aún así, aunque sólo sea por leer el primer capítulo, y sólo éste, merece la pena.

viernes, 9 de diciembre de 2011

My list: play it again

Llega la época de las listas. Esas reducciones absurdas, exprésamente categorizantes, subjetivamente selectivas e irremisiblemente reduccionistas. Siempre basadas en la novedad, en lo último, porque el pasado es eso, pasado, y ya no cuenta, y estamos tan ávidos de futuro que necesitamos dejar atrás el presente lo más rápido posible, reduciéndolo a una lista que se quiere ejemplarizante para que lo inmortalice y selle así su finitud, pero que no es más que otro ejercicio vanidoso, banal y prescindible.

Pero...

"C'est l'Ennui!—l'oeil chargé d'un pleur involontaire,
Il rêve d'échafauds en fumant son houka.
Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,
—Hypocrite lecteur,—mon semblable,—mon frère!"  
(Charles Baudelaire, 1855)


Sí, lo sé, yo también haré mi lista. Para que quede más internacional y, por lo tanto, suene más importante y tenga más empaque, mi lista será my list. No será una lista de lo mejor de 2011 porque no tengo ni la más remota idea de qué es lo mejor, y tampoco he seguido la actualidad literaria al dedillo. Pero como soy obsesiva-compulsiva, dejaré mi lista, porque las listas me encantan. (Podría empapelar las paredes de mi casa con listas de casi cualquier cosa, todas manuscritas, por lo de customizar.) Mi lista tiene por título: lo que más me ha gustado de entre todo lo que he leído este año*. (Por favor, no te la tomes demasiado en serio.)




Un día perfecto, de Melania G. Mazzucco



 Brooklyn, de Colm Tóibin



 Los imperfeccionistas, de Tom Rachman



 Jo confesso, de Jaume Cabré



 Flujo, de Dave Cooper



Pagando por ello, de Chester Brown


*Por estricto orden cronológico