viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuando Satán vuelva a casa por Navidad

No todo este 2011 ha sido malo; por mucho que se empeñen los medios de comunicación ahora que hacen el balance anual en dejarnos una imagen de éste como un año no malo, no, terrorífico. No entraré en consideraciones de como ha sido este año para mí, porque es una cuestión personal y porque si tengo que seguir la tónica general y hablar de años malos, algo muy gordo tendría que suceder entre hoy y mañana o en los años venideros, para superar en oscuridad a 2008.

Aunque se empeñen en situarnos con o sin razón al borde del abismo, cada pequeño día puede aportarnos algún pequeño motivo para la felicidad. Sólo hace falta concentrarnos en estos pequeños destellos y olvidarnos del resto. Sé que ahora estoy sonando a manual de autoayuda, lo que hace que me avergüenza un poco, pero es cierto. Esta mañana me he despertado a las ocho de la mañana con la radio. El locutor estaba haciendo el editorial que abre el programa enumerando los greatest hits de las penalidades del año que toca a su fin. Realmente una buena manera de empezar el día. Daban ganas de no levantarse de la cama. Pero a media mañana he tenido una sorpresa muy agradable. Me ha llegado un ejemplar de una edición no venal de un cuento de Robertson Davies titulado Cuando Satán vuelva a casa por Navidad y publicado por Libros del Asteroide. Había participado en un modesto concurso promocional y éste ha sido mi premio. La verdad es que me ha alegrado el día. Esto de que te toque algo, y además algo que te gusta, levanta el ánimo y te da una cierta esperanza, porque ves que al fin y al cabo, la vida, por muy dura e injusta que sea, a veces, sin esperarlo, te sonríe, tímidamente, pero te sonríe. Y eso, más que nunca, es lo que cuenta.

¡FELIZ 2012 A TODO EL MUNDO! NOS LO MERECEMOS Y SI 2012 NO SE PORTA BIEN, ¡A POR ÉL!



viernes, 23 de diciembre de 2011

De listas y listos, again

Hoy se ha publicado en el blog Papeles perdidos de Babelia (El País) la lista de los 25 mejores libros del año 2011. Una lista tan arbitraria como cualquier otra. Se realiza a través de una encuesta a 57 críticos, según la cual éstos deben enviar una lista de los que ellos consideran los 10 mejores títulos del año que termina, ordenados por preferencia descendente. A partir de aquí, cada título obtiene un número determinado de votos según su posición en la lista en la que aparece, pudiendo aparecer, evidentemente, en más de una. Al final se suman todos los votos de todas las litas, de manera que los 25 mejores libros son los que han obtenido más votos.
Resulta más que evidente que con que aparezcas en tres listas con una calificación más o menos media, tienes muchas posibilidades de aparecer en la lista de los 25, dada la cantidad de personas que votan y votos que se emiten.  Diez títulos por 57 personas, pueden generar una variedad de títulos bastante importante.
Lo que me resulta un tanto curioso es que haya cierto descontrol. Winston Manrique lo dice muy claramente en el texto que precede a la famosa lista, cuando explica cuáles fueron las condiciones que se les dieron a los críticos para participar en la encuesta a la hora de incluir los libros: "El único requisito fue que el libro [para poder ser votado] hubiera sido publicado y/o traducido este año en España." Pues bien, yo ya he visto en el detalle de las votaciones de los críticos (que se supone que son los que saben, ¿no?) por lo menos dos títulos que no han sido ni publicados ni escritos este año 2011 en España, si no que son anteriores.

En cualquier caso y dejando este pequeño detalle de relativa (?) importancia al margen, ésta es posiblemente la lista más importante si nos circunscribimos al marco a la edición en lengua española. Si es que las listas tienen alguna importancia. La encontraréis aquí.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Putas



Que Chester Brown es un tipo curioso hace tiempo que lo sabemos. Sólo hace falta leer Ed, el payaso feliz para darse cuenta de que estamos ante un autor poco convencional. Pero es que con Pagando por ello. Memorias en cómic de un putero, riza el rizo. Creo que hay que ser muy sincero y valiente para admitir públicamente que se es un cliente habitual de la prostitución. No todo el mundo se atrevería a hacerlo. Y lo es porque son muchas las razones por las que uno puede recurrir a los servicios de una prostituta, pero Chester Brown reconoce públicamente la que puede que sea la razón principal de la existencia de este oficio y que no todos los hombres estarían dispuestos a reconocer (por aquello de la hombría), esto es, que tiene dificultades serias para ligar. Todos somos muy modernos pero luego resulta que reprobamos las conductas de los demás por parecernos vergonzantes e indignas, y nos incomoda que los demás asuman como propias debilidades que nosotros no nos perdonaríamos reconocer públicamente. A Chester Brown, sin embargo, no le causa ningún pudor. En Pagando por ello nos cuenta como desencantado del amor romántico tras su ruptura con su última pareja sentimental, decide no volver a tener novia nunca más y es aquí donde se le plantea un conflicto que debe solucionar: cómo seguir manteniendo relaciones sexuales cuando no se poseen las habilidades sociales suficientes para conseguir tener ligues de una sola noche. Y la solución es el sexo de pago. A partir de aquí Chester Brown nos presenta un diario gráfico del tiempo que estuvo relacionándose con prostitutas y nos explica cómo fueron estos encuentros, sus expectativas, sus alegrías, sus decepciones, sus dudas y sus miedos. Pero lo más interesante del libro y lo que en definitiva le aporta valor y lo hace único, es su reflexión sobre el amor romántico, nefasto y pernicioso a su parecer porque se trata de una creación cultural basada en la posesión del otro y siempre acaba provocando sufrimiento; y su alegato a favor de la normalización, no sólo descriminalización, de la prostitución, defendiendo la libertad del individuo para hacer con su cuerpo lo que le plazca siempre que se estén respetando los derechos y libertades del otro. Todo este discurso muy bien argumentado y discutido con el resto de personajes que aparecen en el libro, dos de sus ex novias, su hermano, sus amigos y también dibujantes Joe Matt y Seth... y ampliamente razonado en las notas finales que acompañan el libro, unas cincuenta páginas de argumentación y demostración a través de un buen trabajo bibliográfico.

Se puede o no estar de acuerdo con las tesis de Chester Brown. Yo misma comparto algunas de sus opiniones y otras no. Quizá a veces me parece un tanto radical, pero quién sabe qué experiencias le han tocado a él vivir que yo no he vivido y viceversa.

Lo que está fuera de duda es que esta es una obra interesantísima, peculiar y personal, que no dejará indiferente a quien la lea y que da qué pensar.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Decepcionar es pecar


Tenía muchas ganas de leer Las crónicas de la señorita Hempel, de Sarah Shun-lien Bynum. Ganas a ciegas, porque no conocía ni la obra ni a la autora, pero que viniese avalada por ser publicada por Libros del asteroide, ya era una garantía de calidad, más que una mera promesa de la misma. El resultado, sin embargo, ha sido decepcionante. Una decepción grave, porque en el fondo ésta radica no en las expectativas defraudadas por su simple inclusión en un sello sinónimo de calidad, sino porque la misma obra tiene un inicio espectacularmente bueno, que se desinfla con una rapidez pasmosa, que resulta dolorosa. Y esto sí que decepciona, porque prometer sin cumplir es pecar: si una expectativa muy alta no se cumple, la decepción es mayúscula y se vuelve contra ti.


La novela se abre con una celebración escolar por la que van desfilando uno a uno los que parecen ser los principales alumnos de la señorita Hempel, una joven que acaba de iniciar su carrera como profesora y que se siente un tanto insegura. La manera tan delicada y eficaz que tiene la autora de describirnos oportunamente a cada uno de estos jovencísimos personajes, provocándonos que leamos cada una de sus líneas con una sonrisa en los labios y un atisbo de ternura, promete las delicias de cualquier lector con un mínimo de inteligencia y sensibilidad literaria. Promete una novela redonda, llena de detalles y caminos que recorrer, siguiendo las peripecias de unos personajes que a través de una breve descripción se nos han hecho reales y que ya sentimos un poco nuestros. Pero no es así.


Las crónicas de la señorita Hempel carece de unidad y consistencia. Su nexo articulador es el personaje de la maestra, lo cual sería una solución habitual completamente válida, pero es que este personaje palidece y se desdibuja y la suma de capítulos un tanto inconexos, con historias secundarias un poco sin ton ni son (no sabemos por qué se nos explican), con personajes que aparecen un tanto in media res y que desaparecen sin dejar rastro, provoca que al final tengamos la sensación de estar en un bufet libre con unos entrantes maravillosos y unos segundos sosos.

Aún así, aunque sólo sea por leer el primer capítulo, y sólo éste, merece la pena.

viernes, 9 de diciembre de 2011

My list: play it again

Llega la época de las listas. Esas reducciones absurdas, exprésamente categorizantes, subjetivamente selectivas e irremisiblemente reduccionistas. Siempre basadas en la novedad, en lo último, porque el pasado es eso, pasado, y ya no cuenta, y estamos tan ávidos de futuro que necesitamos dejar atrás el presente lo más rápido posible, reduciéndolo a una lista que se quiere ejemplarizante para que lo inmortalice y selle así su finitud, pero que no es más que otro ejercicio vanidoso, banal y prescindible.

Pero...

"C'est l'Ennui!—l'oeil chargé d'un pleur involontaire,
Il rêve d'échafauds en fumant son houka.
Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,
—Hypocrite lecteur,—mon semblable,—mon frère!"  
(Charles Baudelaire, 1855)


Sí, lo sé, yo también haré mi lista. Para que quede más internacional y, por lo tanto, suene más importante y tenga más empaque, mi lista será my list. No será una lista de lo mejor de 2011 porque no tengo ni la más remota idea de qué es lo mejor, y tampoco he seguido la actualidad literaria al dedillo. Pero como soy obsesiva-compulsiva, dejaré mi lista, porque las listas me encantan. (Podría empapelar las paredes de mi casa con listas de casi cualquier cosa, todas manuscritas, por lo de customizar.) Mi lista tiene por título: lo que más me ha gustado de entre todo lo que he leído este año*. (Por favor, no te la tomes demasiado en serio.)




Un día perfecto, de Melania G. Mazzucco



 Brooklyn, de Colm Tóibin



 Los imperfeccionistas, de Tom Rachman



 Jo confesso, de Jaume Cabré



 Flujo, de Dave Cooper



Pagando por ello, de Chester Brown


*Por estricto orden cronológico

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Esta delicadeza que me da tanta pereza...


Seguro que ha tenido mucho éxito, en lo que a ventas se refiere, y es cierto que ha recibido muchos premios en Francia, como el premio de los Lectores de Télégramme, el premio An Avel o el premio 7ème Art y ha sido finalista de los premios Goncourt, Renaudot, Médicis, Fémina, Interallié… Lo que no deja de preocuparme porque yo tenía a Francia por un país mucho más culto, literario y, en general, con mucho más buen gusto que España, pero ya veo que no.

La delicadeza , de David Foenkinos, publicada por Seix Barral, es una novela con trampa. Una novela con más azucar que chicha. En fin, una especie de engañabobos especialmente diseñado para que todos aquellos incautos y, sobre todo, incautas, caigan en sus redes. No me halaga que cuando piensen en mí, lo hagan de esta manera. Me recuerda un poco a Coelho, aunque ni literariamente, ni temáticamente tengan mucho que ver, pero sí en las intenciones y en el efecto que producen.

Novela de lectura amable, con guiños constantes a los lectores de cultura media pero con ínfulas de cultura superior, trabajada con el estómago y no con el cerebro (el cerebro en la literatura, no en cómo vender más), narrada de forma fragmentaria innecesaria y gratuitamente, con un mensaje que, en el fondo, es el que todos queremos oír... No aporta nada. Sólo pasar un rato agradable. Eso sí, si eres de los que esperan de la literatura que sea una gran nube de azúcar, masticadita, que luego te permita irte a la cama bien contentito, sintiéndote un poco mejor, aunque el mundo siga siendo la misma mierda; éste es tu libro.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Padres, según Philip Larkin


This Be The Verse

They fuck you up, your mum and dad.
  They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
  And add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn
  By fools in old-style hats and coats,
Who half the time were soppy-stern
  And half at one another's throats.

Man hands on misery to man.
  It deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,
  And don't have any kids yourself. 
  
Philip Larkin

viernes, 18 de noviembre de 2011

Confieso que me ha gustado

Confieso que me ha gustado, aunque ya sabía que lo haría.
Confieso que me compré el libro el mismo día que salió a la venta. Y como buena militante, en una pequeña librería de barrio, en Poblenou, aunque tuviese la FNAC más cerca.
Confieso que no he leído ninguna reseña hasta que no he terminado el libro.
Confieso que estoy de acuerdo con la afirmación de que Jaume Cabré es uno de los mejores escritores en lengua catalana actual y tal vez el más ambicioso.
Confieso que creo que es muy probable que gane el próximo Premio Nacional de Narrativa, además de todos los premios catalanes posibles a una obra ya publicada.
Confieso que me alegro muchísimo de su éxito internacional, sobre todo en Alemania.


Se ha dicho que Jo confesso (Yo confieso) es una novela sobre el mal y es cierto que el mal circula de forma manifiesta en las muchas páginas que contienen esta novela. Esta afirmación convertiría a Jo confesso en una novela de tesis, entroncándola con una tradición a la que no creo que pertenezca. El mismo Cabré afirma que el mal es un concepto abstracto que no tiene una existencia per se, sino que para existir, el mal precisa de una persona que se dedique a hacerlo. Independientemente de las disquisiciones filosóficas que puede provocar la lectura de un libro como éste, me alegro de que la literatura catalana haya aportado al panorama tanto nacional como internacional una obra tan ambiciosa como ésta, la cual sí que creo que entronca con una tradición existente en la literatura europea, en sentido ámplio, que no está dando muchos frutos desde hace ya un cierto tiempo.

Se ha dicho que Jo confesso tiene mucho que ver con Thomas Mann, en concreto con La montaña mágica. Sí, es cierto, aunque no es lo mismo. La relación está en la ambición y en cierto calado filosófico, aunque Thomas Mann era alemán y, quieras que no, aunque esta pueda parecer una afirmación barata, marca.

Se ha dicho que Jo confesso tiene resonancias faulknerianas. Sí, también, si lo afirmamos a partir de la composición de la obra de Cabré, que liga discursos y voces diferentes sin soluciones de continuidad aparente, como también hacía William Faulkner en algunas de sus obras.

Pero no debemos olvidarnos de que la obra de Cabré entronca con la propia tradición de la narrativa catalana. Estoy pensando en Narcís Oller y, sobre todo, en Joan Sales y que Jo confesso és la continuación natural de la propia obra de Jaume Cabré. Novelas tan ambiciosas sólo se pueden acometer si se tiene ya una larga trayectora, es decir, mucho oficio, o si se es un superdotado.

Jo confesso ha sido publicada en catalán por Proa y en castellano por Ediciones Destino.


jueves, 10 de noviembre de 2011

El corazón robado



Hoy se cumplen 120 años de la muerte de Arthur Rimbaud, más conocido por su relación amorosa con el también poeta Paul Verlaine y por haber dejado la poesía a los veinte años, que por su obra poética. Rimbaud es uno de los grandes poetas de la literatura francesa y su obra se enmarca dentro del corriente del simbolismo, teniendo como claro precursor a Charles Baudelaire, pero siendo la obra de Rimbaud aún más oscura y grotesca.

El primer libro de Rimbaud que leí fue Una temporada en el infierno, a los quince años, seducida por el título. No entendí nada. Más tarde, ya en la universidad, me familiaricé con su poesía a través de una edición de Cátedra que reúne todos sus poemas traducidos al castellano por Javier del Prado. Este es mi poema favorito y data de mayo de 1871.


Le Cœur volé
Mon triste coeur bave à la poupe,
Mon coeur couvert de caporal :
Ils y lancent des jets de soupe
Mon triste coeur bave à la poupe :
Sous les quolibets de la troupe
Qui pousse un rire général,
Mon triste coeur bave à la poupe,
Mon coeur couvert de caporal.

Ithyphalliques et pioupiesques
Leurs quolibets l'ont dépravé.
Au gouvernail, on voit des fresques
Ithyphalliques et pioupiesques.
O flots abracadabrantesques
Prenez mon coeur, qu'il soit lavé.
Ithyphalliques et pioupiesques
Leurs quolibets l'ont dépravé !

Quand ils auront tari leurs chiques
Comment agir, ô coeur volé ?
Ce seront des hoquets bachiques
Quand ils auront tari leurs chiques
J'aurai des sursauts stomachiques
Moi, si mon coeur est ravalé:
Quand ils auront tari leurs chiques,
Comment agir, ô coeur volé ?

lunes, 7 de noviembre de 2011

El otoño ha llegado



El otoño ha llegado. Casi por sorpresa; aunque lo esperásemos. O más bien lo supiéramos ineludible. Un tanto pasado por agua, redimensiona la poética de la caducidad de las hojas caídas de los árboles, ya que mojadas, arrugadas y sucias, no sólo evocan el paso del tiempo al estilo del simbolismo estilizado de Yeats, sino también el embrutecimiento y lo grotesco de la vida, más bien a lo Baudelaire.

No por popular es menos cierto que el ciclo de las estaciones se puede leer a la luz del ciclo de la vida, y viceversa. Sólo que las estaciones siempre pasan una detrás de otra y una vez acabado el trayecto, vuelve a empezar. La vida no. Ésta a veces termina antes de haber recorrido todas las etapas del ciclo que nos parece natural (como si realmente en la vida residiese la inmanencia de que hubiera de ser así). Y en cualquier caso, cuando acaba, acaba.

En el anhelo de inmortalidad, lo que realmente existe es el pavor a la decrepitud y al no ser, más que el ansia de vivir para siempre. El otoño es la antesala de la muerte. Una muerte lenta, que se fermenta y cuya presencia se acerca día a día, como el aliento frío del viento invernal, que corta y resquebraja, a medida que nos adentramos en el mes de diciembre. La muerte es la noche oscura, un pasillo negro que recorres para llegar a su final y darte cuenta que al fondo, sólo hay una cosa: la nada.

domingo, 30 de octubre de 2011

Yo no he sido

Este sábado en Babelia ha aparecido un interesante artículo de reflexión sobre la culpa colectiva en esta crisis nuestra que está durando ya tantos años. Su autor es Javier Gomá y podéis leerlo a través de este enlace.Creo que se trata de un artículo cargado de razón.

sábado, 29 de octubre de 2011

Libreros que saben y hablan


Hoy me ha sucedido algo que hace mucho tiempo que no me pasaba y que tendría que ser más habitual. Me he encontrado con un librero que sabía qué tenía en la tienda. Y sin necesidad de recurrir al ordenador. Es más, sabía de qué hablaba. He visitado la librería Documenta sin tenerlo previsto y me he comprado Isla: todos los cuentos, de Alistair MacLeod, porque al verlo he recordado una reseña muy positiva que había escrito Winston Manrique en el blog Papeles Perdidos de Babelia. Una compra casual y casi a ciegas, ya que no he leído nada de este autor, pero me gustan los descubrimientos. Mi sorpresa ha sido que al ir a pagar, el librero, Josep, me ha empezado a hablar del libro, demostrando que se lo había leído y, lo que es más, su opinión era sincera, sin tener en cuenta cómo podía influir en mi anterior decisión de comprar el libro. Traduzco: no estaba intentado vender a cualquier precio. El comentario ha sido bueno, pero de no haberlo sido, me hubiese comprado el libro igualmente, porque que un libro te guste o no, depende de muchos motivos, algunos ajenos a la propia obra. Y, además, yo soy rarita.



No es la primera vez que me encuentro con un librero que ejerce bien su oficio; me sucede pocas veces, pero me ha pasado cada vez que he ido a la Documenta. Seguro que hay más librerías así. Sin embargo, ésta es la que yo conozco. Josep no sólo me ha preguntado si conocía la obra del autor, sino que también cómo me he interesado por éste (si me lo habían recomendado, si había sido una elección al azar...) y me ha pedido que le diga lo que me ha parecido una vez lo haya leído. No creo que sea una estrategia para ganar clientes, sino una sincera afición por la lectura y, sobre todo, amor por la literatura. Si la lectura es un placer y puede convertirse en una actividad adictiva y, a veces, hasta enfermiza, ¿por qué no compartirla entre los iniciados?


viernes, 28 de octubre de 2011

Nancy Mitford a la vista



Libros del Asteroide anuncia la próxima publicación, el día 14 de noviembre, de un nuevo libro de a divertisídima Nancy Mirford. Trifulca a la vista (1935) según la editorial "satiriza a los devotos seguidores del fascismo británico". Mientras esperamos impacientes, encontraréis más información aquí.
¡Seguiremos informando!

domingo, 2 de octubre de 2011

Comer animales #1

Para todos aquellos que leyeron, o no, Comer animales, de Jonathan Safran Foer, os dejos un enlace al programa Millennium de este viernes titulado Menjar animals.
Evidentemente también es aplicable a quien haya leído Liberación animal, de Peter Singer.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Haarmann. El carnicero de Hannover, un asesino en serie


Ediciones La Cúpula

El temor hace ya varios meses que recorre las callejuelas del casco antiguo de Hannover y la gente sigue desapareciendo sin dejar rastro. Los temores más horribles parecen confirmarse cuando se encuentran los esqueletos de varios hombres jóvenes, con los cráneos limpiamente separados del cuerpo.

Esta novela gráfica histórica de Peer Meter e Isabel Kreitz nos narra los últimos meses del peor asesino en serie de Alemania, Fritz Haarmann, también conocido como “el vampiro de Hannover”. Con una narración convincente y un dibujo que transmite a la perfección la sombría atmosfera de los años veinte en la ciudad de Hannover, asistimos a un excelente retrato de unos hechos que conmocionaron a la opinión pública de su tiempo y que supusieron también un gran escándalo judicial.




A Fritz Haarmann se le considera el responsable de 27 asesinatos acontecidos en la ciudad de Hannover entre 1918 y 1924 y se le condenó por 24 de ellos, siendo finalmente ejecutado. Las víctimas de Fritz Haarmann eran siempre hombres jóvenes a los que ofrecía trabajo y alojamiento. Una vez en su buhardilla y con la colaboración de su pareja, Hans Gras, abusaba sexualmente de ellos y les seccionaba la carótida de un mordisco (por esta razón también se le conocía popularmente como “el vampiro de Hannover”). Finalmente, deshuesaba los cadáveres de sus víctimas y procedía a vender su carne como si esta fuera de cerdo o de caballo.

La obra retrata fielmente la psique colectiva, el efecto social que este tipo de asesinatos tenía sobre la sociedad en la que tuvieron lugar y el papel más que vergonzoso que jugó la policía de Hannover para la cual Fritz Haarmann trabajaba como valioso informador.

Haarmann es, en definitiva, una novela gráfica no sólo sobre la enajenación mental de su protagonista, sino que también sobre la Europa anterior a la instauración del Estado del Bienestar en la que las clases populares se enfrentaban a una lucha diaria por la supervivencia.

El personaje de Fritz Haarmann ha sido llevado al cine en tres ocasiones. El clásico de 1931 M., de Fritz Lang y protagonizada por Peter Lorre, se inspira en Fritz Haarmann así como también en dos otros asesinos en serie alemanes: Peter Kürten y Carl Großmann. Hollywood realizó en 1951 un remake de esta película dirigido por Joseph Losey y protagonizado por David Wayne.

La ternura de los lobos (Die Zärtlichkeit der Wölfe), de 1973 se centra en exclusiva en los crímenes de Haarmann. Dirigida por Ulli Lommel y producida por R. W. Fassbinder (quien interpretaba también el papel de Wittkowski), el papel de Haarmann lo interpretaba Kurt Raab.

Der Totmacher (1995), protagonizada por Götz George en el papel de Haarmann y dirigida por Romuald Karmakar. La película se basa en los informes psiquiátricos que el Dr. Erich Schultze realizó a Fritz Haarmann.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

No cocina, pero tampoco muerde


Una temporada para silbar, de Ivan Doig
Traducción de Juan Tafur
Libros del Asteroide, 2011

"No cocina, pero tampoco muerde" es lo que aparece en el anuncio que Rose pone en un periódico ofreciéndose como ama de llaves. Los Milliron, familia que consta de un granjero víduo, aún joven, más tres hijos pequeños, residentes en la montana rural de principios de siglo XX, solicitan sus servicios. A partir de aquí parte una novela de corte clásico que evoca una América probablemente ya desaparecida o en vías de extinción, articulada alrededor de una escuela rural de una sola aula en la que compartían espacio los alumnos de diferentes cursos y un solo profesor para todas las materias y todos los niveles. Paul, uno de los tres hijos, es el narrador de este relato retrospectivo al tener que volver, ya de adulto y como superintendente de Instrucción Pública, a su pueblo natal para dar orden de cerrar estas escuelas unitarias. El gobierno norteamericano está inmerso en la carrera espacial y debe recortar fondos de otras partidas presupuestarias para dedicarlos a esta nueva prioridad. El regreso de Paul a su pueblo natal será el disparo de salida para evocar su infancia, ya que él mismo fue alumno de una de estas escuelas entrañables y allí tuvo de profesor a Morris, hermano de Rose y profesor excepcional, quien no sólo juega un papel fundamental en el desarrollo académico e intelectual de Paul, sino que accidentalmente será clave en la pérdida de la inocencia del mismo y, por consiguiente, en su irrevocable entrada en la edad adulta.

Una temporada para silbar, de Ivan Doig, es una deliciosa y cadenciosa novela muy en la línea de los títulos cuidadosamente seleccionados a los que nos tiene acostumbrados Libros del Asteroide. Novela de hálito claramente nostálgico, evoca un mundo y, sobre todo, unos valores que se han convertido casi en extravagantes en la sociedad actual. Con un tono marcadamente elegíaco, Paul, y tal vez el mismo autor en esta evocación del pasado, se resiste a que aquello que ama desaparezca para siempre, dejando un resquicio a la esperanza a través del minúsculo y a la vez mayúsculo grano de arena que un solo individuo puede aportar a la construcción del mundo. Una temporada para silbar no cocina, pero tampoco muerde... ¿O tal vez sí?

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Aya de Yopougon


Aya de Yopougon, de Marguerite Abouet y Clement Oubrerie, es una lectura que tenía pendiente desde hacía tiempo. La verdad es que no sé por qué no me había puesto antes con ella, ya que el primer volumen de la serie llevaba en una estantería detrás de mí meses y meses. Tal vez fuese porque se trata de una serie de seis volúmenes y las serializaciones, tan frecuentes en el cómic, me resultan un tanto pesadas. No es por la extensión, sino por los problemas que supone tener que esperarse a la salida del siguiente volumen, sobre todo si la serie te engancha y el volumen siguiente está pendiente de publicación. Aunque si no te ha enganchado, ¿que más da?

En fin, que ayer me decidí.

Aya de Yopougon
es un cómic costumbrista con un tinte exótico que gira alrededor de tres amigas, Aya, Adjoua y Bintou, cada una de ellas con una personalidad muy definida, y una galería variopinta de personajes que incluye a los correspondientes padres, hermanos, hermanas, novios, pretendientes, suegros, etc. Tiene una narración ágil y divertida y una cierta visión desencantada del mundo, salpicada con dosis de humor, en la que los giros inesperados, aunque parezca una paradoja, te hacen pensar que son más reales que la vida misma. En el fondo no es más que un culebrón ambientado en una África, en concreto en Costa de Marfil, que dista bastante de la imagen del continente que hemos construido a partir del relato que nos ofrece la televisión. Alegre, colorista, desenfadado, los problemas de las tres protagonistas, en el fondo, no son tan diferentes de los de cualquier jovencita occidental. Evidentemente, el contexto es diferente, pero los sentimientos y situaciones son universales, porque de joven te preocupa tu futuro, pero sobre todo el amor y la amistad.

No estamos aquí ante un cómic excepcional pero sí ante una obra fresca, entretenida, ideal para todos aquellos que se acercan al cómic por primera vez, o tras un largo periodo de abandono y ante un vago temor ante lo que pueden encontrarse. Como afirma Álvaro Pons, Aya de Yopougon es una mezcla de slice of life y National Geographic, que según mi parecer está bien resuelta. La cotidiano y lo exótico se mezclan bien y el resultado es agradable y atractivo para el lector.

Aya de Yopougon es una serie de éxito cuyo primer volumen ganó el premio al Mejor Primer Álbum en el Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême en 2006 y ha sido traducido a varias lenguas.

sábado, 14 de mayo de 2011

Manel versionando Common People de Pulp



A la espera de que llegue el concierto de Pulp en Barcelona dentro del Primavera Sound, aquí esta versión de Manel en un mercado de Barcelona.

sábado, 12 de marzo de 2011

Brooklyn, de Colm Tóibín



Colm Tóibín es un escritor a seguir. Lo descubrí con la edición en catalán de Un llarg hivern (Un largo invierno) publicado por La Campana. Novela ambientada en la dura Catalunya alpina de largo tiempo atrás dedicada a la subsistencia y no al turismo como en la actualidad, sorprendía por la delicadeza y a la vez intensidad con que narraba la dramática peripecia que padecían sus personajes. Brooklyn comparte este fondo dramático aunque tal vez el drama no se muestra de una manera tan evidente como en Un llarg hivern.

Brooklyn y Un llarg hivern comparten la delicadeza con la que nos cuenta como Eilis Lacey, una joven irlandesa, emigra a los EE. UU. tras la Segunda Guerra Mundial en busca de un futuro que no parece poder encontrar en su país natal y también en la forma sutil, aunque perfectamente conducida, que tiene Tóibín de mostrarnos las paradojas emocionales a las que se ve sometido el emigrante. Como ya se ha dicho muchas veces, un emigrante o un exiliado acaba convirtiéndose en un especie de apátrida, ya que no pertenece al lugar al que emigra, pero tampoco, al regresar, al lugar del que ha emigrado.

Eilis es una joven que al llegar a los EE. UU. no sólo descubre el país, cuando tiene tiempo para hacerlo, sino que sobre todo descubre la vida, en el sentido de convertirse en la dueña de su propio destino; y el amor o lo que ella cree que es amor. Pero Brooklyn es también un libro de presiones y de renuncias. Un libro sobre lo que se quiere y lo que se debe hacer, sobre el miedo y la necesidad de no estar solo.

Brooklyn ha ganado el Premio Costa de Novela. Colm Tóibín es, y lo vuelvo a repetir, un escritor a seguir y a publicar en España, ya que buena parte de su obra sigue inédita en español y/o catalán.

martes, 4 de enero de 2011

Los defectos del libro en papel

Tengo tantos libros en mi casa que no puedo ni moverme en mi estudio. En el rellano que hay justo al fin de la escalera tengo amontonadas cajas repletas de libros que están esperando a que me anime a cargarlas en mi coche y las lleve a casa de mi madre, quien desde que se quedó viuda, tiene un montón de espacio libre. O tenía, porque algún que otro viaje a su casa he hecho para descargar, o mejor dicho vomitar, cajas de libros.

Este preámbulo sirve para introducir el tema que quería tratar: la incomodidad resultante de la acumulación de papel impreso. Partiendo de la base de que la mayoría de libros se leen sólo una vez (sí, la reelectura está muy bien, pero ésta sólo se hace con muy pocos de los libros que uno tiene alguna vez en sus manos), ¿qué sentido tiene acumular y acumular libros y más libros, depósito ideal para el polvo y sus amigos los ácaros?

Tal vez, cuando los libros electrónicos desplacen definitivamente al libro en papel, y pasará, solucionemos el problema del espacio. El libro es un objeto magnífico, pero tiene algún que otro defecto. En primer lugar, ocupa un espacio precioso en estos micropisos en los que vivimos la mayoría de jóvenes de hoy en día. Además, como ya he dicho, son una bomba para todas aquellas personas no demasiado limpias alérgicas a los ácaros. Y lo que es peor, los libros pesan y si no preguntádselo a cualquiera que haya hecho una mudanza (y lea, claro).

El libro electrónico es una solución a todos estos inconvenientes del libro como objeto en su versión papel. Sin embargo, al menos de momento, no solucionan otro gran problema, el precio. Los libros electrónicos son muy caros, me sigue resultando más a cuenta hacer la inversión en papel. Claro que hay otras cosas muchísimo más caras de las que la gente no parece darse cuenta. En la última feria comercial de libros a la que asistí, los jóvenes se quejaban del precio, a su parecer, abusivo de los libros y no se daban cuenta de que las chucherías que compraban en el stand de golosionas pertinente de la misma feria, sí que eran abusivamente mucho más caras. Pero ya se sabe, que sin datos empíricos en la mano, el precio justo de las cosas depende de los ojos con que se miren y de la ansiedad con la que compres.

En resumen, a pesar de todos sus inconvenientes prácticos, de momento me quedo con el papel. No sólo por romanticismo, sino por pragmatismo económico. Y qué narices, sobre todo por romanticismo. Me gusta dejar libros a mis amigos. ¿Cómo voy a prestarles un libro electrónico sin pasar por la piratería? Evidentemente no puedo dejarles el dispositivo de lectura, porque entonces yo ya no leo. Pero la razón principal es que me gustan los libros con manchas de café, de chocolate, con anotaciones y dedicatorias que te conducen inmediata e irremediablemente a la persona que te lo regaló; a la persona que pensó en ti cuando lo vio y que se tomó unos instantes en pensar la dedicatoria que incluía en un libro que pasaba a ser tuyo. Me gusta ese libro de la colección "Tria la teva aventura" con una mancha de sangre porque se me acababa de caer un diente de leche cuando lo estaba leyendo, o ese otro al que le falta un trozo de página que se comió un pastor alemán al que quería mucho y que ya no está conmigo o un infame diccionario de inglés que me regaló mi padre cuando yo tenía siete años pensándose que así, aprendiendo palabra por palabra, yo, tan lista, acabaría hablando inglés como si hubiese nacido en Londres.

Me gusta la materialidad de lo intangible, y aquí no me estoy refiriendo a la literatura, de la misma manera en que me gusta hablar con la gente en persona y no por teléfono. Lo inaprensible tiene un constante riesgo a desaparecer y yo soy una apologeta de la permanencia.