jueves, 30 de agosto de 2012

Paratextos

Me muero de ganas de leer este libro, sólo por su bonita foto decubierta y por su magnífico título tan sugerente.


El texto promocional de la editorial dice lo siguiente:

"Después de encontrar a su madre muerta en misteriosas circunstancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías tomadas durante años, la crónica del abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho o las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos son los materiales de los que se nutre la memoria. Nos hallamos ante una espléndida y sobrecogedora crónica familiar, pero también ante una reflexión sobre la «verdad» de la escritura, porque son muchas las versiones de una misma historia y narrar implica elegir una de esas versiones y una manera de contarla. Y esta elección a veces es dolorosa, porque en el viaje de la cronista al pasado de su familia irán aflorando los secretos más oscuros."

Algún día escribiré un post sobre cubiertas y títulos.

miércoles, 29 de agosto de 2012

El tiempo es un canalla



Novelas que mantengan alguna relación con la música no he leído muchas. Alta fidelidad, de Nick Hornby, y tal vez alguna más que ahora no recuerdo. El tiempo es un canalla, de Jennifer Egan, no es de música precisamente de lo que trata, aunque ésta aparezca. No en vano narra el declive de la industria discográfica acontecido esta última década, pero este tampoco sería el tema. El tiempo es un canalla habla justamente de lo que afirma su título: del paso del tiempo. Y éste no es precisamente un concepto que valoremos positivamente, al menos si lo contemplamos desde una perspectiva filosófica. El paso del tiempo es demoledor.

Jenniger Egan abre su novela con dos citas extraídas de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. La primera de ellas afirma lo siguiente:

"Los poetas sostienen que recobramos por un momento lo que fuimos en otro tiempo al entrar de nuevo en tal casa, en tal jardín donde vivimos de jóvenes. Son peregrinaciones muy arriesgadas y tras las cuales se cosechan tantas decepciones como éxitos. Los lugares fi jos, contemporáneos de años distintos, más bien debemos buscarlos en nosotros mismos."

El tiempo es un canalla es una novela coral que recorre la peripecia vital de sus múltiples personajes, interrelacionados entre sí de una u otra manera, en momentos diferentes de sus vidas. Desde La Dolly, una relaciones públicas de éxito que cae en desgracia y años después no tiene más remedio que ganarse la vida como relaciones públicas de un jefe de estado que es un reconocido genocida, pasando por Sasha, una joven conflictiva que se recicla como asistente personal del director de una discográfica, adolece de cleptomanía, y acaba viviendo en el desierto, Lou, representando el momento álgido de la industria y también, metafóricamente, su situación actual o Bennie, el gran aglutinador, claramente consciente de que edita basura. Cada capítulo de esta novela podría leerse aislado como de si un cuento autónomo se tratase. Sin embargo, es la suma total la que transmite el mensaje: el paso del tiempo nos afecta y nos cambia, de la misma forma que cambia nuestro entorno.

Mención aparte merece la estructura de la novela. El discurso no es lineal y se construye a través de saltos en el tiempo que van desde los años 70 a 2020. El primer y último, íntimamente relacionados, son un perfecto inicio y final para un libro redondo. Y la cita de de Proust que he reproducido antes, cobra sentido, un sentido hasta doloroso, en el último capítulo.

Jennifer Egan ganó el National Book Critics Circle Award 2011 y el Premio Pulitzer 2011 con esta obra cuando todo parecía indicar que lo iba a recibir David Foster Wallace. La HBO ha comprado los derechos para hacer una serie de ella. Pero lo que a mí me sorprende, al igual que me pasó con Tawni O'Dell, es que este sea el primer libro que se ha traducido al español, cuando ambas autoras tienen al menos tres libros anteriores. Nunca es tarde si la dicha es buena, pero esperemos que no sea flor de verano y que pronto veamos más títulos de ambas en las librerías.

El tiempo es un canalla ha sido publicado por Minúscula y existe una traducción al catalán, El temps és un cabró, publicada por Edicions 1984.

domingo, 19 de agosto de 2012

Cuando la verdad es insoportable



Caminos ocultos son los que tiene que recorrer el protagonista de esta novela, Harley Altmyer, para descubrir la verdad, para cerrar, tal y como le aconseja su psiquiatra (¡ojo con los consejos de los psiquiatras!), un episodio vital más que dramático. La madre de Harley está en la cárcel por haber matado a su marido, el padre Harley. Por esta razón, Harley, con apenas 19 años, se ha convertido en el cabeza de familia y el responsable de cuidar de sus tres hermanas menores, cuando casi apenas puede cuidar de sí mismo.

La familia de Harley es más que complicada. Es un drama en ella misma. Es más, es una tragedia griega. El descubrimiento de la verdad, tendrá tales repercusiones que al igual que Edipo, tal vez fue mejor no saberla nunca. Los embates que recibe el aún tierno Harley serían insoportables para casi cualquiera, y si su vida ya en sí es una pesadilla, su viaje al conocimiento es un descenso a los infiernos. Y es que a veces es mejor no saber. Ya lo dice él mismo:

"Mi pasado me había enseñado que la fortaleza para enfrentarse a las atrocidades no se consigue siendo valiente sino alcanzando cierto grado de atontamiento." (253)

Caminos ocultos, de Tawni O'Dell, no sólo es un libro de una gran intensidad creciente, sino que además es el mejor libro que he leído este año. Un puñetazo en plena cara. Una lectura obligatoria.

La web de Siruela, la editorial que publica la traducción al castellano de esta obra, anuncia el próximo estreno en los EE. UU. de la película basada en esta novela así:

"Back Roads, la película basada en el libro, se estrenará en Estados Unidos el próximo mes de octubre. Dirigida por Adrian Lyne (Flashdance, Nueve semanas y media, Atracción fatal), estará protagonizada por Andrew Garfield (La red social), Jennifer Garner (Juno), Marcia Gay Harden (ganadora de un Óscar a la mejor actriz de reparto por Pollock) y Chloë Moretz (La invención de Hugo, Déjame entrar)."

jueves, 9 de agosto de 2012

La utilidad del dolor


Sentirse perdido en este mundo no es algo tan extraño. Supongo que aún menos si se es un adolescente lúcido como James Sveck y el contexto en el que se encuentra es el de una familia desestructurada de pijos y esnobs con ínfulas intelectuales residentes en Manhattan en pleno siglo XXI. Las crisis de identidad son un fenómeno frecuente por el que todos hemos pasado por lo menos una vez en nuestras vidas. Me pregunto si es afortunado quien sólo la padece una vez o el que la padece muchas, a pesar del dolor que éstas irremediablemente conllevan. La autoconciencia extrema puede ser un fenómeno literariamente interesante si se sabe sacar provecho de ella, pero puede ser una tortura infernal para quien la carga consigo todas las horas de su vida y no sabe cómo manejarla.




Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron (Libros del Asteroide), es una novela de título evocador y lleno de esperanza, aunque a primera vista pueda parecer lo contrario. El título proviene de la inscripción que hay en la puerta de entrada de un campamento en el que reforman a adolescentes con trastornos importantes mediante el trabajo físico y el contacto directo con la naturaleza y al que los padres del protagonista le obligaron a asistir: “Sé paciente y resiste: algún día este dolor te será útil”[1] (55). En resumen, aunque el sufrimiento presente nos parezca injusto e insoportable, no hay mal que por bien no venga o lo que no te mata te hace más fuerte. Éste es, en definitiva, el testamento que James recibe de uno de los pocos personajes al que ama y respeta sin ningún tipo de duda e incondicionalmente:

“Tener malas experiencias a veces es una ayuda, te aclara más lo que deberías hacer. Sé que esto parece demasiado optimista, pero es cierto. Quienes solo han tenido buenas experiencias no son muy interesantes. Puede que estén contentos y sean felices de alguna manera, pero son superficiales. Ahora te parecerá un contratiempo, algo que te complica la vida, pero... es demasiado sencillo vivir sin complicaciones. No es que la felicidad sea necesariamente simple, pero no creo que tú vayas a tener una vida fácil y será mejor para ti. Lo difícil es no dejarte abrumar por las malas rachas. No debes permitir que te derroten. Tienes que verlas como un regalo... un regalo cruel, pero regalo a fin de cuentas.” (226-227)

Un mensaje cargado de verdad, aunque con matices. Me resisto a creer en que por norma las personas felices son superficiales y que las infelices son profundas. Conozco unos cuantos ejemplos que desmienten las dos afirmaciones, aunque no puedo negar que la superficialidad puede ayudar a la felicidad, por lo que la primera puede tener de inconsciencia. Es un hecho: pensar no ayuda a ser feliz. James Sveck piensa mucho, demasiado. Es normal que no se sienta a gusto entre gente de su edad, incluso entre adultos. Cualquier acto comunicativo es una pérdida de tiempo porque un mundo interior rico provoca que el exterior se vuelva vacuo y carente de interés. Reconcentrado, autosuficiente y retroalimentativo, nada es más urgente que el yo. Es más, a fuerza de mantener un diálogo incesante con uno mismo dificultamos que los demás puedan convertirse en un interlocutor válido, porque nadie es capaz de entendernos como creemos, y sí, digo creemos, entendernos a nosotros mismos.

La novela de Peter Cameron es divertida, aunque a primera vista, antes de sumergirnos en la lectura, el título, aunque muy cierto y apropiado, nos pueda inducir a error y pensemos que nos vamos a encontrar con una novela melodramática. Los diálogos son ágiles e inspirados y las reflexiones del protagonista inteligentes. El ritmo de la narración provoca que la lectura sea adictiva, si bien no es una novela de acción. Las sesiones de James Sveck con su psicoterapeuta no tienen desperdicio. Así como tampoco lo tiene el nombre de algunos de sus personajes.


[1] Esta imagen no deja de recordar las ya tan asimiladas imágenes de las entradas de los campos de concentración nazis con su inscripción de “Arbeit macht Frei”. Moraleja: desconfía de las inscripciones de cualquier tipo de centro en el que se “trate” a grupos de personas.