miércoles, 30 de noviembre de 2011

Esta delicadeza que me da tanta pereza...


Seguro que ha tenido mucho éxito, en lo que a ventas se refiere, y es cierto que ha recibido muchos premios en Francia, como el premio de los Lectores de Télégramme, el premio An Avel o el premio 7ème Art y ha sido finalista de los premios Goncourt, Renaudot, Médicis, Fémina, Interallié… Lo que no deja de preocuparme porque yo tenía a Francia por un país mucho más culto, literario y, en general, con mucho más buen gusto que España, pero ya veo que no.

La delicadeza , de David Foenkinos, publicada por Seix Barral, es una novela con trampa. Una novela con más azucar que chicha. En fin, una especie de engañabobos especialmente diseñado para que todos aquellos incautos y, sobre todo, incautas, caigan en sus redes. No me halaga que cuando piensen en mí, lo hagan de esta manera. Me recuerda un poco a Coelho, aunque ni literariamente, ni temáticamente tengan mucho que ver, pero sí en las intenciones y en el efecto que producen.

Novela de lectura amable, con guiños constantes a los lectores de cultura media pero con ínfulas de cultura superior, trabajada con el estómago y no con el cerebro (el cerebro en la literatura, no en cómo vender más), narrada de forma fragmentaria innecesaria y gratuitamente, con un mensaje que, en el fondo, es el que todos queremos oír... No aporta nada. Sólo pasar un rato agradable. Eso sí, si eres de los que esperan de la literatura que sea una gran nube de azúcar, masticadita, que luego te permita irte a la cama bien contentito, sintiéndote un poco mejor, aunque el mundo siga siendo la misma mierda; éste es tu libro.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Padres, según Philip Larkin


This Be The Verse

They fuck you up, your mum and dad.
  They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
  And add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn
  By fools in old-style hats and coats,
Who half the time were soppy-stern
  And half at one another's throats.

Man hands on misery to man.
  It deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,
  And don't have any kids yourself. 
  
Philip Larkin

viernes, 18 de noviembre de 2011

Confieso que me ha gustado

Confieso que me ha gustado, aunque ya sabía que lo haría.
Confieso que me compré el libro el mismo día que salió a la venta. Y como buena militante, en una pequeña librería de barrio, en Poblenou, aunque tuviese la FNAC más cerca.
Confieso que no he leído ninguna reseña hasta que no he terminado el libro.
Confieso que estoy de acuerdo con la afirmación de que Jaume Cabré es uno de los mejores escritores en lengua catalana actual y tal vez el más ambicioso.
Confieso que creo que es muy probable que gane el próximo Premio Nacional de Narrativa, además de todos los premios catalanes posibles a una obra ya publicada.
Confieso que me alegro muchísimo de su éxito internacional, sobre todo en Alemania.


Se ha dicho que Jo confesso (Yo confieso) es una novela sobre el mal y es cierto que el mal circula de forma manifiesta en las muchas páginas que contienen esta novela. Esta afirmación convertiría a Jo confesso en una novela de tesis, entroncándola con una tradición a la que no creo que pertenezca. El mismo Cabré afirma que el mal es un concepto abstracto que no tiene una existencia per se, sino que para existir, el mal precisa de una persona que se dedique a hacerlo. Independientemente de las disquisiciones filosóficas que puede provocar la lectura de un libro como éste, me alegro de que la literatura catalana haya aportado al panorama tanto nacional como internacional una obra tan ambiciosa como ésta, la cual sí que creo que entronca con una tradición existente en la literatura europea, en sentido ámplio, que no está dando muchos frutos desde hace ya un cierto tiempo.

Se ha dicho que Jo confesso tiene mucho que ver con Thomas Mann, en concreto con La montaña mágica. Sí, es cierto, aunque no es lo mismo. La relación está en la ambición y en cierto calado filosófico, aunque Thomas Mann era alemán y, quieras que no, aunque esta pueda parecer una afirmación barata, marca.

Se ha dicho que Jo confesso tiene resonancias faulknerianas. Sí, también, si lo afirmamos a partir de la composición de la obra de Cabré, que liga discursos y voces diferentes sin soluciones de continuidad aparente, como también hacía William Faulkner en algunas de sus obras.

Pero no debemos olvidarnos de que la obra de Cabré entronca con la propia tradición de la narrativa catalana. Estoy pensando en Narcís Oller y, sobre todo, en Joan Sales y que Jo confesso és la continuación natural de la propia obra de Jaume Cabré. Novelas tan ambiciosas sólo se pueden acometer si se tiene ya una larga trayectora, es decir, mucho oficio, o si se es un superdotado.

Jo confesso ha sido publicada en catalán por Proa y en castellano por Ediciones Destino.


jueves, 10 de noviembre de 2011

El corazón robado



Hoy se cumplen 120 años de la muerte de Arthur Rimbaud, más conocido por su relación amorosa con el también poeta Paul Verlaine y por haber dejado la poesía a los veinte años, que por su obra poética. Rimbaud es uno de los grandes poetas de la literatura francesa y su obra se enmarca dentro del corriente del simbolismo, teniendo como claro precursor a Charles Baudelaire, pero siendo la obra de Rimbaud aún más oscura y grotesca.

El primer libro de Rimbaud que leí fue Una temporada en el infierno, a los quince años, seducida por el título. No entendí nada. Más tarde, ya en la universidad, me familiaricé con su poesía a través de una edición de Cátedra que reúne todos sus poemas traducidos al castellano por Javier del Prado. Este es mi poema favorito y data de mayo de 1871.


Le Cœur volé
Mon triste coeur bave à la poupe,
Mon coeur couvert de caporal :
Ils y lancent des jets de soupe
Mon triste coeur bave à la poupe :
Sous les quolibets de la troupe
Qui pousse un rire général,
Mon triste coeur bave à la poupe,
Mon coeur couvert de caporal.

Ithyphalliques et pioupiesques
Leurs quolibets l'ont dépravé.
Au gouvernail, on voit des fresques
Ithyphalliques et pioupiesques.
O flots abracadabrantesques
Prenez mon coeur, qu'il soit lavé.
Ithyphalliques et pioupiesques
Leurs quolibets l'ont dépravé !

Quand ils auront tari leurs chiques
Comment agir, ô coeur volé ?
Ce seront des hoquets bachiques
Quand ils auront tari leurs chiques
J'aurai des sursauts stomachiques
Moi, si mon coeur est ravalé:
Quand ils auront tari leurs chiques,
Comment agir, ô coeur volé ?

lunes, 7 de noviembre de 2011

El otoño ha llegado



El otoño ha llegado. Casi por sorpresa; aunque lo esperásemos. O más bien lo supiéramos ineludible. Un tanto pasado por agua, redimensiona la poética de la caducidad de las hojas caídas de los árboles, ya que mojadas, arrugadas y sucias, no sólo evocan el paso del tiempo al estilo del simbolismo estilizado de Yeats, sino también el embrutecimiento y lo grotesco de la vida, más bien a lo Baudelaire.

No por popular es menos cierto que el ciclo de las estaciones se puede leer a la luz del ciclo de la vida, y viceversa. Sólo que las estaciones siempre pasan una detrás de otra y una vez acabado el trayecto, vuelve a empezar. La vida no. Ésta a veces termina antes de haber recorrido todas las etapas del ciclo que nos parece natural (como si realmente en la vida residiese la inmanencia de que hubiera de ser así). Y en cualquier caso, cuando acaba, acaba.

En el anhelo de inmortalidad, lo que realmente existe es el pavor a la decrepitud y al no ser, más que el ansia de vivir para siempre. El otoño es la antesala de la muerte. Una muerte lenta, que se fermenta y cuya presencia se acerca día a día, como el aliento frío del viento invernal, que corta y resquebraja, a medida que nos adentramos en el mes de diciembre. La muerte es la noche oscura, un pasillo negro que recorres para llegar a su final y darte cuenta que al fondo, sólo hay una cosa: la nada.