viernes, 30 de mayo de 2008

La educación de Oscar Fairfax

Libros del asteroide es para mí una de las editoriales literarias más interesantes del panorama editorial actual en lengua castellana. Su editor, Luis Solano, parece tener una cierta predilección por las novelas de formación, gusto que coincide con el mío. Hace unos pocos días terminé la lectura de La educación de Oscar Fairfax de Louis Auchincloss y aún me estoy preguntando si en cierta medida esta novela puede considerarse un roman à clef o no. Supongo que me faltan los conocimientos necesarios para identificar a los personajes, pero estoy casi segura de que el personaje de Danny Winslow está inspirado en Francis Scott Fitzgerald. ¡E si non è vero, è ben trovato!



Louis Auchincloss narra en esta novela buena parte de su propia formación. No en vano su protagonista, Oscar Fairfax, sigue un recorrido casi calcado al del escritor. Ambos nacen en el seno de una importante familia estadounidense que proviene de los primeros colonos, estudiaron en prestigiosas escuelas y luego Derecho, además de ser los editores de la revista literaria de Yale, Lit en la novela. Profesionalmente, ambos ejercen de abogados en prestigiosos bufetes familiares y son amantes acérrimos de las artes y las letras.

Si bien es cierto que ésta no es una novela para el público general, ya que básicamente no pasa absolutamente nada, hará las delicias de todos aquellos que se deleitan con los retratos psicológicos de personajes. ¿O acaso es una coincidencia que tanto Edith Wharton como Marcel Proust o Henry James sean nombrados tantas veces a lo largo de esta novela? Y si os la leeis y os gusta, no dudéis en empezar Una danza para la música del tiempo de Anthony Powell.

sábado, 17 de mayo de 2008

El Salem de nuestros días

Siempre me ha gustado mucho el teatro, tanto verlo como leerlo. Ayer acabé de leer Las brujas de Salem de Arthur Miller. La edición era de Tusquets, la cual incluía también la adaptación cinematográfica de la obra, titulada El Crisol y protagonizada por Daniel Day-Lewis y Winona Ryder. Me pregunto si fue este el motivo de que Daniel Day-Lewis conociese a la hija de Arthur Miller y acabase casándose con ella.
He leído casi toda la obra de Arthur Miller: Todos eran mis hijos, Muerte de un viajante, Panorama desde el puente, Las brujas de Salem... y sólo puedo decir que es uno de mis escritores favoritos. Sus obras dejan un impacto en mí que me hace reflexionar largo tiempo. No se trata de un escritor esteticista sino de uno comprometido aunque no a la manera francesa del escritor engagé, que no sé a vosotros, pero a mí me da un poco de repelús por lo que tiene de pose y de supuesta superioridad moral. Además, domina magistralmente la tensión, sabe conducirte a través de la trama, realiza anticipaciones que al lector atento le sumergen aún más en ésta y le provocan cierto nerviosismo e identificación que recuerdan a las estrategias y las finalidades catárticas de la tragedia griega.
Las brujas de Salem está basado en un episodio de caza de brujas real acaecido en 1652 en los EE.UU. Salem era un pequeño pueblo de colonos puritanos en el que se desencadenó una fiebre colectiva por las sospechas de casos de brujería que concluyó con el ahorcamiento de algunos de sus habitantes. La obra pone de manifiesto que en los casos en que se juzga a la gente a través de la delación de sus vecinos, son las rencillas personales y las envidias las que las motivan. Pensemos sino en que sucedió en España durante la Guerra Civil y los primeros largos años de la Posguerra. También merece una reflexión el papel de la judicatura de carácter teocrático, o estás conmigo o estás contra mí. Si habías dejado de ir a la iglesia tres días, aunque fuese para cuidar de tu esposa enferma, eras sospechoso de tener tratos con el demonio. Hoy en día no estamos tan lejos de esto, sino pensemos en las palabras del señor Acebes los días 11 y 12 de marzo de 2004, en los que tachaba de miserable a cualquiera que pusiese en duda que ETA era la autora de los atentados en la estación de Atocha.
Me pregunto si cuando Arthur Miller escribió la obra no tenía en mente la persecución política con la que MacArthy estaba azotando a Hollywood después de la Segunda Guerra Mundial. Ante esta obra, como tantas otras, por ejemplo 1984 de George Orwell, no podemos evitar que se nos ponga la piel de gallina comprobando que no sólo la realidad supera a la ficción, como en el caso de George Orwell, sino que también, en el caso de la pieza teatral de Miller, los humanos parecemos condenados a repetir una y otra vez los errores del pasado.