sábado, 17 de mayo de 2008

El Salem de nuestros días

Siempre me ha gustado mucho el teatro, tanto verlo como leerlo. Ayer acabé de leer Las brujas de Salem de Arthur Miller. La edición era de Tusquets, la cual incluía también la adaptación cinematográfica de la obra, titulada El Crisol y protagonizada por Daniel Day-Lewis y Winona Ryder. Me pregunto si fue este el motivo de que Daniel Day-Lewis conociese a la hija de Arthur Miller y acabase casándose con ella.
He leído casi toda la obra de Arthur Miller: Todos eran mis hijos, Muerte de un viajante, Panorama desde el puente, Las brujas de Salem... y sólo puedo decir que es uno de mis escritores favoritos. Sus obras dejan un impacto en mí que me hace reflexionar largo tiempo. No se trata de un escritor esteticista sino de uno comprometido aunque no a la manera francesa del escritor engagé, que no sé a vosotros, pero a mí me da un poco de repelús por lo que tiene de pose y de supuesta superioridad moral. Además, domina magistralmente la tensión, sabe conducirte a través de la trama, realiza anticipaciones que al lector atento le sumergen aún más en ésta y le provocan cierto nerviosismo e identificación que recuerdan a las estrategias y las finalidades catárticas de la tragedia griega.
Las brujas de Salem está basado en un episodio de caza de brujas real acaecido en 1652 en los EE.UU. Salem era un pequeño pueblo de colonos puritanos en el que se desencadenó una fiebre colectiva por las sospechas de casos de brujería que concluyó con el ahorcamiento de algunos de sus habitantes. La obra pone de manifiesto que en los casos en que se juzga a la gente a través de la delación de sus vecinos, son las rencillas personales y las envidias las que las motivan. Pensemos sino en que sucedió en España durante la Guerra Civil y los primeros largos años de la Posguerra. También merece una reflexión el papel de la judicatura de carácter teocrático, o estás conmigo o estás contra mí. Si habías dejado de ir a la iglesia tres días, aunque fuese para cuidar de tu esposa enferma, eras sospechoso de tener tratos con el demonio. Hoy en día no estamos tan lejos de esto, sino pensemos en las palabras del señor Acebes los días 11 y 12 de marzo de 2004, en los que tachaba de miserable a cualquiera que pusiese en duda que ETA era la autora de los atentados en la estación de Atocha.
Me pregunto si cuando Arthur Miller escribió la obra no tenía en mente la persecución política con la que MacArthy estaba azotando a Hollywood después de la Segunda Guerra Mundial. Ante esta obra, como tantas otras, por ejemplo 1984 de George Orwell, no podemos evitar que se nos ponga la piel de gallina comprobando que no sólo la realidad supera a la ficción, como en el caso de George Orwell, sino que también, en el caso de la pieza teatral de Miller, los humanos parecemos condenados a repetir una y otra vez los errores del pasado.

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