viernes, 13 de noviembre de 2009

El arte de volar



El arte de volar es una de las obras más personales y ambiciosas del cómic español actual. Relato sobre la carencia, la derrota y la pérdida de la esperanza, El arte de volar recupera la vida de del padre de Antonio Altarriba, narrada ésta en primera persona por el primero, en un intento de encontrar una explicación al suicidio de éste cuando contaba ya con noventa años. Ésta es la narración de una vida plagada de desgracias y muerte: la vida con un padre autoritario en un pequeño pueblo aragonés, la Guerra Civil y el frentre, las playas/campos de concentración del sur de Francia, la mísera posguerra española, la represión sexual... La vida de Antonio Altarriba Lope se convierte en la vida de todos aquellos españoles que perdieron la guerra y vieron como se derrotaban todos aquellos ideales por los que habían luchado y visto morir a sus compañeros y tuvieron que renunciar a ser la persona que eran y a todo en lo que creían para poder sobrevivir en la España de Franco.


Con un estilo narrativo contenido y plagado de reflexiones sobre la propia vida y la situación políticosocial y un dibujo detallista en grises al servicio de la narración llevado a cabo por Kim (sobre todo conocido por su trabajo en la revista El Jueves), El arte de volar no deja de conmover al lector. Si bien la obra rehuye el melodrama, son presentes ciertos momentos de lirismo tierno, derrota tras derrota, en la peripecia vital de un hombre, un español como tantos otros, al cual su vida le pesaba demasiado.

martes, 27 de octubre de 2009

Ephemera de W. B. Yeats

Ephemera
"Your eyes that once were never weary of mine
Are bowed in sotrow under pendulous lids,
Because our love is waning."
And then She:
"Although our love is waning, let us stand
By the lone border of the lake once more,
Together in that hour of gentleness
When the poor tired child, passion, falls asleep.
How far away the stars seem, and how far
Is our first kiss, and ah, how old my heart!"
Pensive they paced along the faded leaves,
While slowly he whose hand held hers replied:
"Passion has often worn our wandering hearts."
The woods were round them, and the yellow leaves
Fell like faint meteors in the gloom, and once
A rabbit old and lame limped down the path;
Autumn was over him: and now they stood
On the lone border of the lake once more:
Turning, he saw that she had thrust dead leaves
Gathered in silence, dewy as her eyes,
In bosom and hair.
"Ah, do not mourn," he said,
"That we are tired, for other loves await us;
Hate on and love through unrepining hours.
Before us lies eternity; our souls
Are love, and a continual farewell."

martes, 20 de octubre de 2009

Un divertido déjà vu




Vincent, el protagonista de Rosalie Blum 1. Una sensación conocida de Camille Jourdy, es un treintañero con una vida más que monótona. Ésta se limita a su trabajo, peluquero en un pueblo de provincias en Francia, situación bastante deprimente porque se debe limitar a peinar a ancianas y a teñir de rubio a cincuentonas, las cervezas que bebe con su único amigo y una más que inquietente madre, que no sólo parece estar mal de la cabeza, sino que además no permite que se hijo de convierta, de una vez por todas, en un auténtico adulto. En definitiva, la vida de Vincent no es que sea monótona, es que es aburridísima. Sin embargo todo cambia un día. Vincent tiene un encuentro en una tienda del pueblo con una mujer que le recuerda a algo, uno de esos déjà vu que nos asaltan de vez en cuando, pero no logra identificar el recuerdo. A partir de aquí se obsesiona con esta mujer, de apariencia anodina y tirando a feucha, y se dedica a seguirla todo el día. ¡Por fin su vida tiene un sentido! Pero es que ella, Rosalie Blum, tampoco es que sea la alegría de la huerta...

¿Pero cuál es este déjà vu? Habrá que esperar a los dos siguientes volúmenes para saberlo. Aún así, ésta es una obra divertidísima con un sentido del humor muy fino, una buena exploración de la psique de los personajes y un dibujo que hará las delicias de todos aquellos con gustos delicados.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Don y Betty Draper





Quien lea El hombre del traje gris de Sloan Wilson, no podrá evitar encontrar similitudes con el mismo tedio vital engañoso que se describe en Revolutionary Road de Richard Yates y más aún con los personajes de Don y Betty Draper de la serie Mad Men.


Estamos en la América de los años 50, en esa clase media que vive en urbanizaciones de la periferia de Nueva York y que coje el tren cada mañana para ir a trabajar. Los que van a trabajar son los hombres, claro, porque las mujeres se quedan en casa a cuidar de ésta y de los niños, mientras ellos tienen aventuras sexuales de baja intensidad emocional con sus secretarias. Ser ama de casa era toda una profesión aunque no remunerada, y eso que todas estas mujeres tienen estudios universitarios, aunque sólo sean para decorar. Todo parece ir bien y cada cosa estar en su sitio; pero nada más alejado de la realidad. Estos remansos de paz y bienestar se rigen por la satisfacción personal focalizada en el consumo y el ansia de medrar y si no progresas, económicamente se entiende, eres un fracasado. Cada una de las parejas que conforman el dúo protagonista de El hombre del traje gris, Revolutionary Road y Mad Men se sienten especiales, no están todavía en su sitio y los mediocres son los demás. No se dan cuenta de que sus pensamientos más íntimos, ésos que sólo se comparten en la intimidad de la pareja, ese vano consuelo fundamentado en el "en el fondo yo soy mucho mejor que cualquiera de mis vecinos", son los mismos pensamientos que tienen el resto de las parejas con las que beben alcohol, y mucho por cierto, en sus veladas insípidas y se reunen para hacer barbacoas los domingos.


Este autoengañarse a uno mismo funciona y te ayuda a navegar por la vida hasta que llega el momento en que te das cuenta de que has construido ésta, tu única auténtica posesión, en torno a una mentira. Más grave aún, una mentira a ti mismo. Revolutionary Road soluciona este momento vital, este mirarse descarnadamente al espejo, de forma dramática, mientras que en El hombre del traje gris, con muchos menos tintes dramáticos se sobrelleva de una forma más amable, en gran parte porque el protagonista masculino cuenta con la complicidad de un jefe humanista adicto al trabajo que debe pagar graves consecuencias familiares por ello. Me gustaría saber cuántos casos como éste suceden de veras en el mundo real. Aunque tampoco creo que la mayor parte de la gente haga balance de su vida con la misma sinceridad y crueldad con que lo hace la protagonista femenina de Revolutionary Road. Para sobrevivir es recomendable pasar por la vida sin preguntarse demasiado, ahora bien, ¿es recomendable lo mismo si en lugar de pasar por la vida lo que uno quiere es vivirla? ¿Y si llegados a cierta edad te das cuenta de que no has vivido?


Resulta curioso que en tan poco tiempo hayan aparecido dos celebradas novelas y una gran serie sobre las vidas superfluas de las clases medias. Vidas como la tuya y como la mía. Poco revolucionarias y bastante conformistas y estandarizadas. ¿Serviran éstas de algo? No lo creo. Si con la que está cayendo nadie se despierta, ¿que pueden hacer dos novelas y una serie?

La ciencia en España no necesita tijeras...




Y las Letras tampoco, porque como parece que hay quien se interesa en hacernos olvidar, el conocimiento, y no el trabajo, nos hará libres.

domingo, 4 de octubre de 2009

Ya llega el Génesis de Robert Crumb




Ya queda menos. La esperadísima nueva obra de Robert Crumb, padre del cómic underground, llegará a España a finales de este mes de octubre. Cuatro años ha tardado en confeccionar esta adaptación del Génesis al lenguaje del cómic. Habrá que leerla.

lunes, 11 de mayo de 2009

Otro origen del mundo




A la espera de que llegue a los EE. UU. y a España la adaptación del Libro del Génesis por parte de Robert Crumb, podemos mientras tanto reirnos un rato con la revisión que hace de una parte del mismo el alemán Ralf König. Prototipo, su última obra, nos hace partirnos de risa sobre todo con el personaje de la serpiente y con episodios antológicos como aquél en que el hombre descubre la masturbación o aquél otro en que Dios le hace conocer el sufrimiento... ¡a través de un dolor de muelas!


Pero no todo es Génesis. Ralf König aprovecha la ocasión para introducir en su obra discursos filosóficos como el del mito de la caverna de Platón y muchos otros más.


Este tendría que ser el libro de cabecera de Rouco Varela, o el de cualquier ciudadano en tiempos de crisis.

miércoles, 22 de abril de 2009

El niño de la estación de tren

¿Qué puede llevar a una mujer a abandonar a su hijo de siete años en la andana de una estación de tren? Ésta es la pregunta a la que intenta dar respuesta Julia Franck en su novela La mujer del mediodía. Se trata de una novela hasta cierto punto terapéutica ya que el padre de la autora pasó por la experiencia que se narra en ésta.
La novela se abre con un niño que narra en primera persona como son los días que vive con su madre tras la ocupación de su ciudad natal por el ejército rojo justo al final de la Segunda Guerra Mundial. Nos presenta a una mujer muy seca, endurecida y también la figura ausente de su padre. Este relato en primera persona concluye con el niño esperando en vano a su madre en una estación de tren.
A continucación asistimos a un viaje hacia atrás en el tiempo hasta la infancia de Helene, la madre, y empezamos a entender paulatinamente las razones que la llevan a tomar tan drástica y dramática decisión. En efecto, la infancia de Helene no es feliz. Su madre no sólo está marginada por el resto de los habitantes del pueblo por su condición de judía, sino que también por todas las excentricidades que comete, en una paulatina degeneración de su estado mental. El padre de Helene regresa de la Gran Guerra como un minusválido que acabará muriendo. Al cabo de un cierto tiempo, Helene se va con su hermana mayor Martha a vivir a Berlín a casa de una tía rica que irá empobreciéndose a medida que se agudice la crisis económica de los años treinta. En Berlín entra en contacto con los cabarets y con el gran amor de su vida, el cual tendrá un final dramático. Helene acabará casándose con una hombre que no sólo le hará un hijo sino que también la hará infeliz y acabará repudiándola por cuestiones raciales. Todo ello con el telón de fondo de la amenaza del nacionalsocialismo y los campos de concentración, siempre acechando.
Lo que distingue a esta novela de tantas otras ambientadas en la misma época no es sólo su dramatismo contenido, sino sobre todo que refleja también el sufrimiento del propio pueblo alemán, el cual no sólo es presentado como verdugo. Helene, sufre en sus propias carnes el acoso de los nazis, pero también ve el sufrimiento de otros de sus conciudadanos no sólo en las calles, sino que también en el hospital donde trabaja como infermera y, sobre todo, a través de las violaciones sistemáticas de mujeres alemanas por parte de los soldados rusos.

jueves, 16 de abril de 2009

Trágame entera de Nate Powell




Trágame entera es una historia de amor conducida por una niebla ondeante, por una enfermedad terminal, alucinaciones, apofenia, ejércitos de insectos, secretos, fe inquebrantable y la búsqueda de un patrón clave para desenmarañar el lío de uno mismo.... En su más ambiciosa obra hasta la fecha, Nate Powell explora los recodos más oscuros de la adolescencia –no los tópicos arrebatos melodramáticos de rebeldía, sino los incontables pequeños momentos de locura, al vago alivio que provee la medicación y las ventajas y desventajas de los lazos familiares. A medida que avanza la historia, dos hermanastros navegan juntos a través de la esquizofrenia, el trastorno obsesivo compulsivo, la descomposición familiar, la telepatía animal, el amor fallido y la leve esperanza de que algún día todo cobre sentido... Con un tempo deliberadamente pausado y delicadamente dibujada, Trágame entera es un hito en la carrera de Nate Powell, una historia suburbial de fantasmas que continuará en la mente de sus lectores más allá de su última página.

martes, 14 de abril de 2009

La ternura de los lobos



La ternura de los lobos (Salamandra) es la primera novela de la escritora y guionista escocesa Stef Penney (1969). A primera vista ya nos llama la atención la aparente contradicción que yace en su magnífico y hasta cierto punto poético título. ¿Puede un lobo ser tierno? No sé si el animal puede serlo o no, pero si identificamos a los personajes de esta novela como lobos, por supuesto que sí. También llama la atención que esta escritora escocesa que afirma no haber pisado nunca suelo canadiense, haya ambientado su novela en el Ontario del siglo XIX.

En efecto, nos encontramos ante una novela de intriga que nos hará pasearnos por los paisajes nevados del gran invierno canadiense, por bosques salvajes que estarían completamente desiertos si no fuese por los cazadores y tramperos que se adentran en ellos para ganarse la vida con la caza y el comercio de pieles. En esta novela los bosques son cualquier cosa menos parajes desiertos, ya que al inicio de la novela descubrimos que se ha cometido un asesinato en la tranquila comunidad de Dove River y que también se ha producido una desaparición. Los dos hechos provocarán que diversas expediciones de personajes se adentren el el bosque en busca de un asesino, de un desaparecido y, también, como no, en busca de ellos mismos, pero esto último, claro, ellos no lo saben. Es lo que tienen los viajes y más aún cuando se llevan a cabo en lugares inhóspitos.

Sin embargo, ésta no es una novela de trama única ni tampoco de una sola voz y menos aún de un solo personaje. Justamente su riqueza rae en la conjunción de todos los personajes que la conforman, cada uno con su propia problemática individual, todos supervivientes en un país que todavía se está construyendo y una naturaleza que aún no se domina.

La ternura de los lobos es una divertidísima novela de aventuras que una vez que empiezas no puedes dejar de leer. Una novela que conjuga la intriga, el western, el espíritu de los pioneros y un interesante personaje femenino que nos habla en primera persona: la señora Ross. Ésta nada tiene que ver con el estereotipo de mujer que se puede ver en las películas del oeste.

En definitiva, una novela con resonancias de Jack London y Bailando con lobos. Si os gustán las novelas de aventuras ambientadas en la época del comercio de pieles en Canadá, no os perdáis la novela gráfica Paso al Noroeste de Scott Chantler y tampoco, por supuesto, La ternura de los lobos .

miércoles, 18 de marzo de 2009

La vida en viñetas

Más allá de la simplista reducción del cómic con las líneas de superhéroes o manga juvenil, existe una tendencia creciente de la nueva generación de autores de cómic independiente norteamericano, de usar explícitamente sus propias vivencias como material narrativo en sus obras más ambiciosas hasta el momento. Todo un mundo por descubrir para el lector aficionado a la literatura en general.

Maus de Art Spiegelman, ganadora del Premio Pulitzer en 1992, ha debido ser la lectura de cabecera de muchos de los miembros de la nueva generación de autores norteamericanos, muchos de ellos con apenas treinta años. Ya sea por filiación o reacción, tal como aplica estos conceptos Harold Bloom a los poetas en su La agonía de las influencias, las posibilidades narrativas y expresivas que el discurso del yo ofrece al floreciente género de la novela gráfica, parece haber hecho mella en estos nuevos autores. Joe Matt, Craig Thompson, Seth, Chester Brown, Jeffrey Brown y Paul Hornschemeier son buenos ejemplos de esta tendencia.

Joe Matt, joven autor canadiense, nos presenta en su obra un yo desnudo de su condición precaria de autor joven, que intenta abrirse camino en un mundo minoritario y de su escaso éxito con las mujeres. Esto último acaba por convertirse en una obsesión. El retrato del yo no es amable y a veces resulta impúdico. Matt nos muestra la compulsividad de su onanismo y afición a las películas pornográficas. El lector no puede evitar preguntarse si Matt está realizando en Pobre cabrón una autoparodia tremendista o un grito desesperado y catártico. Hay quien ve en la obra de este joven autor reminiscencias del consagrado Robert Crumb, quien también desnuda impúdicamente parte de su alma en una obra de alto contenido autobiográfico.

Las complejidades del amor y de las relaciones de pareja son la materia prima con la que trabajan Chester Brown (Nunca me has gustado) y Jeffrey Brown (Torpe o Inverosímil). En el caso de Chester Brown, el yo que se mueve en un marco descontextualizado interactuando sólo con un “ella”, fundamentalmente en forma dialogal, es un yo diminuto. Poco sabemos de la tríada personaje - narrador – autor, excepto que el amor es un lugar de silencios, dudas, renuncias, en el que el yo mantiene un diálogo paradójicamente silencioso con sí mismo, por la incapacidad de comunicarse exitosamente con el otro. El ser deseado, inquietante por el desconocimiento profundo, es un misterio insondable que se convierte justamente por esto en objeto de deseo de posesión espiritual más allá del deseo carnal, y en una fuente de sufrimiento para quien desea.

Seth, amigo íntimo y compañero de fatigas de los dos autores anteriores, nos propone un discurso del yo de carácter egocéntrico en el que apenas hay espacio para el otro y en el que se realiza un homenaje a los autores que han dejado huella en el universo creativo del autor. En La vida es buena, si no te rindes, Seth utiliza el subgénero de la novela de detectives para descubrir qué es lo que hay en él, en tanto que yo soy el centro de todos mis problemas, que le impide tener relaciones interpersonales satisfactorias e investiga la trayectoria artística y vital de un misterioso dibujante de humor gráfico, del que solo conoce una ilustración publicada en la prestigiosa The New Yorker. Apología de la permanencia, La vida es buena si no te rindes, es un intento velado de recordar a los autores de la época dorada del humor gráfico de los años 40 en los EE.UU., por un autor muy influido por el grafismo y plasticidad del cómic europeo.

Reflexión aparte merece la extensa y galardonada Blankets del hasta el momento prolífico y galardonado Craig Thompson. Obra de reconciliación con un pasado claustrofóbico y dramático, el discurso tiene un halo intensamente intimista. Thompson nos habla del dolor y la incomprensión, de las dudas y luchas internas y de sentirse completamente aislado del entorno, porque se es incapaz de comunicarse y de abrir el interior a los demás. Podríamos considerarla una obra autoterapéutica en la que Thompson reflexiona sobre sí mismo para sí mismo, a la vez que una despedida sin rencor de ese pasado que ha contribuido a convertirlo en la persona que es. El carácter redentor de Blankets nos conduce a preguntarnos por los límites de la literatura como terapia psicológica. Es frecuente el uso de la literatura como herramienta analítica que permite al autor conocerse mejor a sí mismo a través de la introspección. Sin embargo, una paradoja yace en el hecho de caer en el ensimismamiento para intentar salvarse del sufrimiento interno. Mención puntual cabe a la presencia constante de la nieve en la obra no sólo como elemento que favorece la localización geográfica y evocación de un recuerdo emocionalmente significativo de la infancia, sino que también contribuye a recrear una atmósfera de pureza, aislamiento y melancolía que lo acerca a las poesías, también intimistas y desoladas, del norteamericano Robert Frost.

De todos es sabido que frecuentemente la literatura es un instrumento para que los autores hablen o indaguen sobre sí mismos, en un intento de poner orden en el caos que caracteriza la peripecia vital. No siempre se lleva a cabo de una manera explícita como en los casos anteriores, pero resulta evidente el poso autobiográfico y la voluntad ordenadora de la obra de otros jóvenes autores como Adrian Tomine, Jessica Abel y Paul Hornschemeier. Los dos primeros se sirven del relato breve con la anécdota como punto de partida argumental, siguiendo muy de cerca las estrategias narrativas de Raymond Carver o John Cheever. En el caso de Adrian Tomine podríamos aplicar la conocida teoría del iceberg de Hemingway como estructura narrativa. En efecto, en Rubia de verano y Sonámbulo y otras historias las tramas, si así pueden denominarse, son flashes poco descriptivos, pero evocativos de frustraciones internas arrastradas por los protagonistas, renuncias, anhelos, miedos y esperanzas, que sólo se pueden leer entrelíneas.

Jessica Abel es una de las pocas mujeres autoras del género que está empezando a tener un reconocimiento internacional merecido. Artbabe tiene ciertos puntos de conexión con la obra de Tomine, pero tamizada por la condición femenina de sus protagonistas. No tenemos pruebas de que éstas hayan sido construidas a partir de las vivencias personales, aunque sí es evidente la posibilidad de una extrapolación de carácter generacional. Hasta el momento la novela gráfica protagonizada por mujeres más representativa ha sido Gosht world de Daniel Clowes, adaptada cinematográficamente por Terry Zwigoff. Artbabe, inédito en España, tiene muchas probabilidades de erigirse como relevo de Clowes por la complejidad y sutileza del relato y la caracterización de los personajes, completamente normales aunque no anodinos, que se oponen a las caracterizaciones excéntricas y más que ligeramente esperpénticas de los personajes de Clowes. El tiempo lo dirá.

Tanto si es total o parcialmente autobiográfica, la desgarradora Madre, vuelve a casa de Paul Hornschemeier tiene la capacidad de narrar y sugerir a través de imágenes, puesto que las palabras son escasas, emociones y carencias difícilmente descriptibles con palabras. Hornschemeier consigue ese estado de gracia en que las imágenes transportan al lector al interior de los personajes sin necesidad de otro intermediario. El protagonista, un niño, tiene que afrontar en soledad la muerte de su madre mientras observa como su padre se sumerge progresivamente en la depresión hasta hundirse en la demencia absoluta. Quizá el final de la obra peque de tremendismo o simplemente el lector se niegue a aceptarlo.

Sin embargo, es obvio que todos estos autores ya no buscan fuera de ellos mismos para construir historias ni sus personajes son héroes que pretenden salvar el mundo. Los héroes son ellos, a la par que supervivientes, porque la vida es tan complicada que no necesitan seres fantásticos para narrar la aventura del día a día.

martes, 17 de marzo de 2009

Tengo miedo



No soy yo, aunque puede que sí, pero de un miedo diferente. El que tiene miedo, y mucho, es Carlos, el protagonista de El país del miedo de Isaac Rosa. Siente un pavor obsesivo hacia todos los peligros que potencialmente le acechan por la sola razón de existir y este pánico preventivo lo enmaraña hasta construir una tela de araña a su alrededor de múltiples posibilidades por la cual quedas a la espera de recibir el golpe fatal, ese gran peligro acechante como una araña gorda, inmensa, peluda, que se avalanzará sobre ti y te dejará seco.

El miedo puede paralizar, pero en el caso de Carlos le induce a la acción, cosa que no está mal, de no ser porque todas las actuaciones que acomete para conjurar sus miedos, tienen como resultado generar más pavor, y así, como un Sísifo que nunca termina, entra en una espiral paranoide que le hace presa de sus propias elucubraciones.

Que vivimos con miedo es un hecho que pocos pueden rebatir. En buena parte su origen es innato (el miedo a morir, a la enfermedad...) pero hay otros miedos que son adquiridos (las agresiones, la pérdida del empleo, la cárcel...). Decir que estos últimos son un mecanismo de control social es una obviedad, aunque a veces un poco de miedo no viene mal. Hace pocos días oí por la radio a un representante de la patronal que afirmaba que el absentismo laboral se había reducido significativamente desde el inicio de la crisis económica actual. La lectura que hacía es que los trabajadores tenían miedo de perder el empleo debido a la coyuntura económica. Yo más bien diría que el que tiene miedo es el absentista profesional, ese que por sistema si le duele la cabeza se queda en su casa viendo la tele. Todos conocemos casos. Lo vemos en las empresas donde trabajamos. Ese compañero que cada mes de media falta como mínimo dos días laborables aduciendo que no se encuentra bien y que suele coincidir con un lunes, pero sobre todo con un viernes. Resulta un poco lamentable que sea el miedo a perder el trabajo lo que te haga cumplir con tus obligaciones laborales. Luego son los primeros en quejarse de la congelación salarial o de los despidos.






viernes, 13 de marzo de 2009

Destellos de vida

Si tu obra es conocida gracias a tu apellido de casada, que para más inri es Zweig, es decir, uno de los escritores más reputados del siglo XX y el cual está viviendo en la actualidad un revival en España, vas a tener problemas.

Esto es lo que le sucede a Friderike Zweig con su Destellos de vida. Estas memorias o autobiografía o un poco de todo según como se mire tienen un gran problema y es que no resisten la inevitable comparación con El mundo de ayer de Stefan Zweig. Hay muchos textos que pueden encajarse dentro de lo que se conoce como literatura del yo que no tienen ningún interés fuera de la esfera de la privacidad en la que fueron escritos o para las personas directa o indirectamente relacionadas con ellos. Éste es el caso de Destellos de vida.
Sin embargo, el título le hace justicia ya que lo que nos encontramos, al leer sus páginas, son destellos de la vida privada de Friderike, sus años de formación, cómo conoció a Stefan Zweig, su relación, su separación, cómo vivió la Segunda Guerra Mundial en París y cómo tuvo que huir de esta ciudad con sus hijas cuando fue ocupada por el ejército alemán. Todo en una recopilación de textos que van desde la narración retrospectiva, pasando por fragmentos de diarios, textos sobre otras personalidades como Louis Pasteur o Rainer Maria Rilke, cartas… Nada que ver con el articulado ejercicio de reflexión de El mundo de ayer.

domingo, 1 de marzo de 2009

Las obsesiones de Richard Yates

Afortunadamente las editoriales a veces recuperan autores que han quedado en el olvido a cuya obra nunca ha sido traducida al español o al catalán. Éste es el caso de Richard Yates, con una obra mucho más que interesante, que ha llegado a España gracias a la adaptación de su novela homónima: Revolutionary Road.
Recientemente se han editado en España Revolutionary Road y Las hermanas Grimes, dos magníficas novelas que comparten las obsesiones del escritor: las ilusiones perdidas y el fracaso. En efecto, las obras de Yates nos presentan personajes con ilusiones vanas que se sienten diferentes, y por lo tanto superiores, de la mediocridad que les rodea (¿quién no se siente así en algún momento?) pero acaban siendo no ya arrollados, sino machacados, por la gran máquina de la vida, para acabar descubriendo que son tan mediocres como los demás y tener que acabar reconociendo su fracaso, en una especie de caída de la venda de los ojos tan cruel y despiadada que sólo puede conducir a la muerte o a la locura.
La vida, que no es más que supervivencia, tiene un gran poder destructor de la fragilidad del hombre, porque en efecto somos muy frágiles, y nadie como Richard Yates para describirlo. Sus personajes, tan ilusos y tan humanos, intentan navegar por ésta persiguiendo una idea o ilusión a la que han convertido en leiv motiv de su vida. El alcohol consumido en dosis más que ingentes les ayuda a sobrellevar este viaje que tiene mucho de descenso a los infiernos, en el que al final sólo les queda mirarse al espejo y reconocerse como son. Da miedo pensar que uno mismo tenga que hacer este mismo viaje y acabar por reconocer que la propia vida ha sido una gran mentira.