miércoles, 29 de agosto de 2012

El tiempo es un canalla



Novelas que mantengan alguna relación con la música no he leído muchas. Alta fidelidad, de Nick Hornby, y tal vez alguna más que ahora no recuerdo. El tiempo es un canalla, de Jennifer Egan, no es de música precisamente de lo que trata, aunque ésta aparezca. No en vano narra el declive de la industria discográfica acontecido esta última década, pero este tampoco sería el tema. El tiempo es un canalla habla justamente de lo que afirma su título: del paso del tiempo. Y éste no es precisamente un concepto que valoremos positivamente, al menos si lo contemplamos desde una perspectiva filosófica. El paso del tiempo es demoledor.

Jenniger Egan abre su novela con dos citas extraídas de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. La primera de ellas afirma lo siguiente:

"Los poetas sostienen que recobramos por un momento lo que fuimos en otro tiempo al entrar de nuevo en tal casa, en tal jardín donde vivimos de jóvenes. Son peregrinaciones muy arriesgadas y tras las cuales se cosechan tantas decepciones como éxitos. Los lugares fi jos, contemporáneos de años distintos, más bien debemos buscarlos en nosotros mismos."

El tiempo es un canalla es una novela coral que recorre la peripecia vital de sus múltiples personajes, interrelacionados entre sí de una u otra manera, en momentos diferentes de sus vidas. Desde La Dolly, una relaciones públicas de éxito que cae en desgracia y años después no tiene más remedio que ganarse la vida como relaciones públicas de un jefe de estado que es un reconocido genocida, pasando por Sasha, una joven conflictiva que se recicla como asistente personal del director de una discográfica, adolece de cleptomanía, y acaba viviendo en el desierto, Lou, representando el momento álgido de la industria y también, metafóricamente, su situación actual o Bennie, el gran aglutinador, claramente consciente de que edita basura. Cada capítulo de esta novela podría leerse aislado como de si un cuento autónomo se tratase. Sin embargo, es la suma total la que transmite el mensaje: el paso del tiempo nos afecta y nos cambia, de la misma forma que cambia nuestro entorno.

Mención aparte merece la estructura de la novela. El discurso no es lineal y se construye a través de saltos en el tiempo que van desde los años 70 a 2020. El primer y último, íntimamente relacionados, son un perfecto inicio y final para un libro redondo. Y la cita de de Proust que he reproducido antes, cobra sentido, un sentido hasta doloroso, en el último capítulo.

Jennifer Egan ganó el National Book Critics Circle Award 2011 y el Premio Pulitzer 2011 con esta obra cuando todo parecía indicar que lo iba a recibir David Foster Wallace. La HBO ha comprado los derechos para hacer una serie de ella. Pero lo que a mí me sorprende, al igual que me pasó con Tawni O'Dell, es que este sea el primer libro que se ha traducido al español, cuando ambas autoras tienen al menos tres libros anteriores. Nunca es tarde si la dicha es buena, pero esperemos que no sea flor de verano y que pronto veamos más títulos de ambas en las librerías.

El tiempo es un canalla ha sido publicado por Minúscula y existe una traducción al catalán, El temps és un cabró, publicada por Edicions 1984.

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