lunes, 19 de diciembre de 2011

Putas



Que Chester Brown es un tipo curioso hace tiempo que lo sabemos. Sólo hace falta leer Ed, el payaso feliz para darse cuenta de que estamos ante un autor poco convencional. Pero es que con Pagando por ello. Memorias en cómic de un putero, riza el rizo. Creo que hay que ser muy sincero y valiente para admitir públicamente que se es un cliente habitual de la prostitución. No todo el mundo se atrevería a hacerlo. Y lo es porque son muchas las razones por las que uno puede recurrir a los servicios de una prostituta, pero Chester Brown reconoce públicamente la que puede que sea la razón principal de la existencia de este oficio y que no todos los hombres estarían dispuestos a reconocer (por aquello de la hombría), esto es, que tiene dificultades serias para ligar. Todos somos muy modernos pero luego resulta que reprobamos las conductas de los demás por parecernos vergonzantes e indignas, y nos incomoda que los demás asuman como propias debilidades que nosotros no nos perdonaríamos reconocer públicamente. A Chester Brown, sin embargo, no le causa ningún pudor. En Pagando por ello nos cuenta como desencantado del amor romántico tras su ruptura con su última pareja sentimental, decide no volver a tener novia nunca más y es aquí donde se le plantea un conflicto que debe solucionar: cómo seguir manteniendo relaciones sexuales cuando no se poseen las habilidades sociales suficientes para conseguir tener ligues de una sola noche. Y la solución es el sexo de pago. A partir de aquí Chester Brown nos presenta un diario gráfico del tiempo que estuvo relacionándose con prostitutas y nos explica cómo fueron estos encuentros, sus expectativas, sus alegrías, sus decepciones, sus dudas y sus miedos. Pero lo más interesante del libro y lo que en definitiva le aporta valor y lo hace único, es su reflexión sobre el amor romántico, nefasto y pernicioso a su parecer porque se trata de una creación cultural basada en la posesión del otro y siempre acaba provocando sufrimiento; y su alegato a favor de la normalización, no sólo descriminalización, de la prostitución, defendiendo la libertad del individuo para hacer con su cuerpo lo que le plazca siempre que se estén respetando los derechos y libertades del otro. Todo este discurso muy bien argumentado y discutido con el resto de personajes que aparecen en el libro, dos de sus ex novias, su hermano, sus amigos y también dibujantes Joe Matt y Seth... y ampliamente razonado en las notas finales que acompañan el libro, unas cincuenta páginas de argumentación y demostración a través de un buen trabajo bibliográfico.

Se puede o no estar de acuerdo con las tesis de Chester Brown. Yo misma comparto algunas de sus opiniones y otras no. Quizá a veces me parece un tanto radical, pero quién sabe qué experiencias le han tocado a él vivir que yo no he vivido y viceversa.

Lo que está fuera de duda es que esta es una obra interesantísima, peculiar y personal, que no dejará indiferente a quien la lea y que da qué pensar.

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