lunes, 22 de octubre de 2012

Familias podridas

Hay en las familias algo que apesta. Una podredumbre recocida, fermentada. Cuanto más miembros tengan las familias, peor. Más riesgo de que existan miembros perturbadores que dejen a su paso una estela de dolor que será recogida generación tras generación, como si de la maldición del pecado original se tratase. La lectura de Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan me ha recordado los versos clarividentes de Philip Larkin, en los que los padres son los verdugos de sus hijos, para que éstos, a su vez, pasen llegado el momento del rol de víctima al de verdugo en una cadena de dolor que se prolonga hasta el infinito:

This Be the Verse 
They fuck you up, your mum and dad.   
    They may not mean to, but they do.   
They fill you with the faults they had
    And add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn
    By fools in old-style hats and coats,   
Who half the time were soppy-stern
    And half at one another’s throats.

Man hands on misery to man.
    It deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,
    And don’t have any kids yourself.
 

Nada se opone a la noche es la historia de la vida de Lucile, la madre de la autora de la novela. Es un intento de dar una explicación al suicido de la madre a una edad relativamente temprana, poco más de sesenta años. Es una historia de amor y es, sobre todo, una historia de dolor y muerte. La muerte planea desde el principio del libro, cuando Delphine se encuentra a su madre muerta estirada en la cama del apartamento donde vivía sola y ya en un inicial proceso de descomposición. A partir de aquí, tras unos meses de reflexión, Delphine de Vigan emprede un viaje, un descenso a los infiernos, que a través de los testimonios de aquellos que conocieron a Lucile y de todo un archivo de fotos, textos, vídeos y grabaciones de voz le permitirán intentar reconstruir un pasado, el de su familia, que se despliega como un río de secretos y catástrofes, el cual, a pesar de su intensidad, se intuye incompleto.


 
Nada se opone a la noche es la demostración de que el incesto es un tabú porque no se habla de él; no porque no suceda; y que es factible enloquecer de dolor. Todos al nacer tenemos un pasado, el de nuestras familias, con el que cargaremos y, en el peor de los casos, tendremos que expiar.

1 comentario:

Sonia Aguirre Duque dijo...

En efecto, es factible enloquecer de dolor. Una constatación que en esta novela nos salta a a cara. Interesante reseña, te dejo mi comentario en: goo.gl/6cXT4u
Saludos,
Sonia